La opinión del lector
De cómo la Universidad echa a una joven de León
Había leído que en el último cuarto de siglo el 47% de los nacidos en León se han tenido que ir fuera de la provincia para prosperar. Me parecía excesivo, pero cuando compruebo la manera en la que nuestras instituciones tratan a los leoneses, comienzo a darle crédito. Mi caso (y el de algunos compañeros más) tiene que ver con la Universidad de León, y es el relato de cómo la ULE no cumple con su cometido más básico: formar, enseñar y preparar a los jóvenes, y se convierte en una herramienta más para que nos tengamos que buscar la vida fuera de León, poco menos que expulsados.
Soy alumna de la Universidad desde 2003. Terminada mi carrera, fui admitida en el Máster Universitario en Formación del Profesorado para este curso 2011/2012. Es el paso previo obligatorio para poder dedicarme a la enseñanza, una de las muy escasas salidas laborales que permite mi titulación. Sólo una vez matriculada, ya solicitada y presentada una beca al Ministerio y asistiendo a las clases que habían comenzado, se nos comunica a la afectada (y a sus cuatro compañeros) el jueves 6 de octubre la posibilidad de que su especialidad de Lengua Castellana y Literatura no se imparta. Nos explican que somos cinco alumnos: que con cuatro o menos de cuatro el módulo no se imparte; que de cinco a diez alumnos, la decisión es del Departamento; y que sólo con más de diez alumnos es obligatorio. Pese al compromiso de mantenernos informados, nadie en la Facultad de Educación tiene la educación de comunicarnos la decisión. Y la decisión es que este año el Máster de Lengua y Literatura no se impartirá. Parece que quienes eligieron Matemáticas, sólo siete alumnos, han tenido más suerte en la caprichosa decisión de su departamento. Cerradas todas las puertas, hemos abandonado las clases que habíamos iniciado y anulado nuestras matrículas.
Culpable es, la Universidad de León, de obligarme a perder, en su totalidad, un año académico de mi vida, por darme plaza en unos estudios que luego no se impartirán. Culpable de haberlo decidido tarde, mal y nunca, con el curso académico ya empezado en cualquier otro punto del país, cerrándome las puertas de todas las universidades de España y de la Uned, imposibilitándome cualquier tipo de estudios incluso no universitarios, como, por ejemplo, una plaza presencial en la Escuela Oficial de Idiomas.
La nota que se merece la Universidad de León es un cero. Un suspenso irrevocable. Supongo que no seré la única absolutamente decepcionada con nuestra Universidad, con algunos de sus docentes, que imagino que percibirán sus salarios como pago a no darme la preparación final que me permita, nos permita, trabajar en lo que queremos, y que nos nieguen esa posibilidad fuera de cualquier plazo razonable. La Universidad de León suspende pero la que repito seré yo, que confié en ella. Yo pagaré su política de despropósito. Yo buscaré plaza fuera de León para el próximo curso. Y quizá no vuelva. Quizá el 47% de los nacidos en León que se tienen que ir de esta tierra para ganarse un futuro sea pronto un porcentaje aún mayor. Gracias a la Universidad de León por la parte que le toca.
Patricia del Castillo García. LEÓN