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FELIPE RAMOS
León

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En León nada cambia. Lo mismo da que gobiernen unos u otros. El PP o el PSOE. La derecha o la izquierda. Haya crisis o no. León siempre pierde. Ahora le toca, una vez más, el turno al aeropuerto. Y ahí están los socialistas y populares castellanos para juntarse y decir que sólo debe quedar uno, como en el viejo oeste, claro que aquí el sheriff, el juez y hasta el de la funeraria son de Castilla.

Los cuatro aeropuertos son igual de deficitarios. Si cabe, más el de Pucela, ese que está en Villanubla, porque fue el primero y es el que más dinero se ha llevado de esa Junta de Castilla que ahora dice que promociona a todos por igual. ¿Seguro? Esas subvenciones, ayudas, promociones —llámenlas ustedes como quieran— no pasan la prueba del algodón.

A ver si va a resultar ahora que Ryannair vuela desde Villanubla por la cara bonita de los pucelanos. Ryannair, como Air Nostrum y otras, va allá donde le pagan dinero público y sino que se lo pregunten a los gallegos, de donde se fugó precisamente porque la Xunta dejó de financiar, perdón promocionar, esos vuelos. Ya puestos y si es por ahorrar en subvenciones públicas lo mejor, como dice una buena amiga, es que desaparezcan los cuatro y todos a volar desde Madrid o Barcelona. Mira así se le da utilidad al AVE y se prioriza, un palabro que es muy del gusto de los políticos en estos tiempos de crisis.

Pero las ansias de los castellanos del Pisuerga no acaban ahí. Ellos quieren más. Ellos quieren ser los únicos en todo. Por querer quieren hasta tener pistas de esquí y consiguen que les paguen con dinero público engendros como el de Meseta Ski, que la Junta tiene intención de declarar de interés regional, para que salga adelante. Mientras San Glorio, ni está ni se le espera.

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Lo dicho, en esta comunidad inventada todo sigue igual: Valladolid gana, a costa de León y del resto de provincias. Casi como en las listas del PP, que no son capaces de echar a Juan Morano de las mismas ni con agua hirviendo. Tiene 70 años y lleva viviendo del momio de la política desde que le salieron los dientes y sin intención de jubilarse. Claro que si enfrente se le contrapone a un casi nonagenario Manuel Fraga, aún le quedan muchos años de estar en Madrid. Eso sí, sin hacer nada más que estar. Cayó Carlos López Riesco, que paga así sus juegos florales con el PSOE, pero Morano es el Joe Rígoli del PP. Él sigue y sigue.