TRIBUNA
La ética de los políticos
Quousque tandem abutare, Catilina, patientia nostra ? ¿Hasta cuando, Catilina, abusarás de nuestra paciencia? Con esta famosa frase, se dirigía el gran orador Cicerón, en sus Catilinarias, a Catilina, político romano célebre por sus numerosas conspiraciones contra el Imperio Romano y sus diversos oscuros intentos fallidos para ser Cónsul de Roma.
Esta misma pregunta me hago yo, ¿hasta cuándo muchos de nuestros políticos, abusarán de nuestra paciencia hasta que dejen de ser inmorales?, y que por el solo hecho de ser políticos, puedan disponer y jugar con el dinero de todos como si fuera suyo.
La última noticia, aparecida en la prensa, no puede ser más escandalosa. Cómo será que hasta los del propio partido se lo reprochan. El ex alcalde de León, Paco Fernández, se prejubila con una indemnización de 554000 euros, a los que hay que añadir, como aparece en una viñeta del Diario de León el suma y sigue del sueldo de portavoz de su partido en el Ayuntamiento, el futuro de Diputado y la propia jubilación. El fin de todo, intentar cobrar cuatro sueldos, aunque la presión mediatica le haya obligado a renunciar a sus cargos políticos.
Me imagino que habrá muchos compañeros suyos, incluso con más derechos, que se conformarían con el pico de los 500.000 euros, pero la realidad será que la entidad de la Caja los discriminará totalmente sin darles cantidad alguna.
Me pregunto: ¿Qué méritos ha hecho esta persona, salvo la de ser un mal político, a mi parecer, para prejubilarse con tales prebendas? Cuando para más inri a Caja León entre fusiones y rescates la han tenido que inyectar cerca de 1.000 millones de euros para su viabilidad, por la mala gestión de sus rectores. Cómo se puede jugar así con el dinero ds los ciudadanos y no del ex alcalde de León.
Este hecho es aún más significativo cuando la mayor parte de los españoles, se han pasado la vida trabajando, con toda seguridad más que él, quedándoles pequeñas cantidades de jubilación, teniendo que hacer aportaciones de su dinero, si quieren mejorarlas, a mutualidades y planes de pensiones. ¿Cómo se puede cometer tamaña injusticia en nuestra sociedad?
Por no citar también al ex alcalde de Valderas, que se gastó 54.000 euros en comidas, dejando el Ayuntamiento en bancarrota, justificándose diciendo que son invitaciones o comidas de trabajo para conseguir algún beneficio para el pueblo. Habrase visto mayor inmoralidad que la justificación que dice, manifestando además que dedica 10 horas diarias al Ayuntamiento, cuando lo que hacía era comer en los restaurantes de Valderas y Valladolid, presentando con cargo al erario público dos facturas en el espacio de un minuto. Más parece que está celebrando algún fausto de un allegado, teniendo incluso la desfachatez de contratarse un seguro de vida privado con cargo al mismo erario.
Pero tan inmoral como el alcalde son, por no decir más, aquellos que se avenían a ser invitados para conceder posibles favores, como el alcalde decía en sus manifestaciones.
Por cierto, me viene a la memoria el caso similar del presidente de la Generalitat Valenciana, señor Camps, que por unos trajes valorados en 12.000 euros, ha sido procesado por cohecho impropio. Esperemos que la fiscalía actue con tanta diligencia como con el señor Camps. La diferencia está en que en el caso de la Generalitat picó un pez gordo y con gran repercusión política y ahora es un pez chico sin importancia alguna aunque la inmoralidad sea la misma. ¿Somos todos iguales ante la Justicia?
Por no hablar de los directivos y consejeros de la Caja del Mediterraneo o de la Caixa Nova Galicia, nombrados por los partidos políticos, que por su mala gestión ponen a sus entidades en precaria situación y dejan o los hacen dejar el cargo con indemnizaciones de varios millones de euros, que es dinero de mucha gente, y alguno como la directora de la CAM solicita también el subsidio del desempleo para seguir engordando el bolsillo.
O por no mencionar lo que se ha dicho recientemente en la prensa nacional sobre nuestro ministro de Fomento, señor Blanco, que al parecer recibía comisiones para prestar posibles favores, reuniéndose en una gasolinera y quizás aprovechando el momento para llenar el depósito con gasolina de 95 octanos. No me extraña que con ese carburante arremeta con tanto ímpetu contra el PP.
Si todo es legal como suelen pronunciarse los interesados, a mí me extraña mucho que así sea. Es evidente que hay que corregir muchas cosas en España para evitar estas situaciones inmorales y más todavía cuando el actual Gobierno nos deja una herencia de casi 5 millones de parados.
Donde está la ética de nuestros póliticos. ¿Es que el pueblo tiene que pagar siempre sus caprichos y desmanes? Con el dinero de todos no se puede jugar y su obligación es administrarlo correctamente hasta el último céntimo.
Los políticos no solo deben parecer éticos sino serlo, porque cualquier duda que aparezca sobre ellos, será como una sombra alargada que cubrirá siempre su trayectoria pública. Como ejemplo ahí están los casos del señor Bono, presidente del Congreso, y del señor Chaves, primero presidente de la Junta de Andalucía y ahora miembro destacado del actual Gobierno.
Cuándo aprenderán nuestros políticos que son elegidos para servir al pueblo y no al contrario para que el pueblo les sirva a ellos, como ocurre con muchos. Si hubiese un decalogo ético de los políticos este concepto sería la regla básica de todas.
Estos comentarios aparecidos recientemente en la prensa no son más que la lengua de un gran glaciar, ya que si hiciésemos una recopilación de todos los casos habidos, incluyendo los que no salen a la luz, que son todavía más numerosos, posiblemente no habría tinta suficiente para escribirlos. No nos extrañemos de que surjan movimientos inconformistas, como los últimos aparecidos, que tomaran las ciudades de España, exigiendo a nuestros políticos ser más justos, más éticos y más responsables de sus acciones.
Está visto que lo importante hoy día es hacer una carrera política, aunque se ponga a los más incompetentes en los puestos de más responsabilidad, porque tienen una garantía de seguridad, tanto en el presente como en el futuro, que ya desearíamos el resto de los mortales.
Que razón tenía Alfonso Guerra cuando dijo esa profecía de que a esta España no la iba a conocer ni la madre que la parió.