EL AULLIDO
Felicidad
Esta semana en León una comida deliciosa con la novelista, activista y ejemplo de conducta cívica Belén Gopegui. Y volver a recargar las pilas de la ideología en plena campaña electoral ahora que parece claro que la verdadera ideología no reside en la política ni en los políticos que, como diría Jorge Guillén, nos imponen «su ley y no su accidente». Esta semana el talento...
Y volver a creer que crear es creer.
Ella, mujer combativamente realista de temperamento atemperado, hablaba de la política que de verdad es política, la que respeta capacidad e inteligencia y no la estrategia personalista, explicando la metáfora de que las personas somos gotas pero, si nos unimos, somos lluvia. Me iluminó como revelaba que ella llegó a la política a partir de la experiencia de una hermana suya con parálisis cerebral a la que cuidaba. Entró así en contacto con otros familiares de pacientes con la misma afección, y descubrió que la política es tomar conciencia y sumarse organizadamente para algo porque juntos somos más –dejamos de se gota para convertirnos en lluvia- y es más fácil de ese modo conseguir objetivos comunes.
Y acabó saliendo el tema de los jóvenes indignados y comprometidos.
La reacción agitadora de los jóvenes indignados y hartos de que los políticos suelan tener un cuaderno gris —no el cuaderno gris del que hablaba Josep Pla, más bien otro en el que apuntan esas cifras redondas como las antiparras de Quevedo de las jubilaciones o los sueldos que se ponen ellos a sí mismos— todos la secundamos.
Pero yo comentaba algo en lo que creo: que la más fructífera reacción de quienes nos lo podemos permitir, que no somos pocos, ha de ser la de la felicidad. Que no hace falta estar cabreado para estar indignado. Que se puede ser contestatario encarando el mundo con una sonrisa apostados en la certidumbre de que las adversidades y reveses le dan ritmo a la existencia.
Una crisis para mí es tomar conciencia de que ninguna putada será mayor que la que ya he vivido: eso, por raro que parezca, te afirma en la felicidad. Una crisis te hace feliz con el tiempo, te ayuda a fortalecerte, a tomar conciencia de cuan efímero y cambiante es lo malo y lo bueno, te invita a rellenarte de entusiasmo para vivir apasionadamente lo que venga antes de que luego llegue el gran apagón.
Se trata de no rehuir la crisis para poder sobreponerte a ella y estar más preparado y vivo para esa oscilación entre herida y curación que es la existencia; se trata de combatir la crisis con una felicidad que viene de agarrarte a lo valioso que te queda y asirte al hecho de que las putadas son lo bueno de la vida porque existe la palabra después…
No importa tanto lo que pasa sino como te lo tomas. Y seguimos.