RÍO ARRIBA
¿Asuntos menores?
En las pasadas elecciones hubo ciudadanos residentes en el extranjero que no pudieron ejercer su derecho al voto. No estoy hablando de «españoles por el mundo» localizados en confines remotos tipo Departamento de Ayacucho (Perú), o la isla de Chicha-Jima, (Japón), sino de gente que estaba, sin ir más lejos, en Roma. Lo más oprobioso es que desde ese telediario que presume de tantos premios (citando presuntamente a la Junta Electoral Central) señalaron que la totalidad de los españoles que vivían fuera habían recibido su voto por correo, lo que es, sencillamente, mentira. Bastaba entrar en las redes sociales para advertir que el caso no era precisamente único, y que afectó sobre todo a gente joven. Como escribía una de esas personas que se quedó sin votar en facebook: «Vi a los candidatos con sus trajes y sus sonrisas, y sus flamantes papeletas, tres cosas de las que yo carezco: traje porque no tengo un duro, papeleta porque han pasado de mandármela y sonrisa porque, como dije antes, no tengo la susodicha papeleta. Así celebra mi país la fiesta de la democracia». Más claro, agua.
Más esperpéntico y oscuro, sin embargo, es lo de la Ley D’Hondt (formulada por un jurista belga cuyo retrato invita a pensar en un masón sonámbulo), que permite situaciones tan grotescas como que algún partido nacionalista disponga, con 984.536 votos, de 16 escaños, mientras que, por ejemplo, UP y D, con cien mil votos más, se quede solamente con cinco (eso sin contar los trescientos mil votos que le dan derecho a siete escaños, siete, a los amigos de Charles-Txapote-Bronson…léase en clave electoral Amaiur).
Y por acabar con otro asunto presuntamente menor: algún analista político sentencioso ha despachado las palabras que Mariano Rajoy pronunció el domingo como una mera declaración de intenciones con huella de libro de estilo, cuando pocas veces se ha oído en este país un discurso tan contenido y equilibrado: se le pudo oír perfectamente hablar de humildad, compromiso, solidaridad y esfuerzo, y eso son expresiones que llevan dentro una fuerte carga moral. Entre los suyos habrá a quien le ciegue la soberbia, pero esperemos que quien las lanzó en estos tiempos de desolación e incertidumbre no las olvide nunca.