Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Dicen que las últimas palabras de Goethe fueron: «luz, más luz». Debió de fastidiarle morirse sin haber inventado la bombilla. En León, este año tendremos menos alumbrado navideño. Al menos, del municipal. Con una deuda arrastrada que sobrepasará los 400 millones de euros, la institución tiene fundidos algo más que los plomos. Por tanto, dicha medida de ahorro más que lógica resulta forzosa. ¿Triste austeridad? Tampoco en el pesebre había luz eléctrica. El alumbrado público navideño, cuando realmente lo es, o sea, con su simbología cristiana y no meros restos de caseta de tiro la blanco, aporta una atmósfera apropiada para estar en la calle y detenerse ante los escaparates. Pero las navidades son también mucho más que eso. Son júbilo y fe. Tengo gran simpatía por el comercio de barrio. En plena crisis hay que proclamarlo alto: no todos los consumismos son criticables, ni todo el bombilleo es bueno, ni todas las penumbras malas. ¿Acaso no ocurre igual con el corazón humano? Todos llevamos dentro luces de antaño que nos guían.

¿Navidades austeras? ¿Es que puede haber alguna, realmente digna de tal nombre, que no lo sea? La austeridad navideña no es contraria al consumo. Consumir es dar y darse. Me estoy refiriendo, claro, a un consumo ético, solidario y prudente. Cuidado con la austeridad paralizante, no consecuencia de la falta de medios sino de esperanza. Las luces de antaño nos recuerdan, en efecto, que de todo se sale. Incluso de esta posguerra sin guerra previa en la que ahora estamos inmersos.

No tiene sentido discutir sobre los vatios que Ayuntamiento dedicará a la iluminación navideña. Instálense los que convengan y puedan pagarse. Además, a ser posible, colóquense con equidad entre los barrios, gusto y debida iconografía. Y páguese en este siglo, o como mucho en el siguiente. Las verdaderas luces navideñas las llevamos cada uno dentro, íntimas e invisibles, y permanecen siempre encendidas. Con más iluminación o con menos, estas navidades volveremos a entrar en las tiendas de nuestro barrio. Nada ilumina más que el amor. Nada oscurece más que la desesperanza. Dime cuál es tu luz de antaño y te diré que clase de navidad tendrás a lo largo de todo el año, cada día de tu vida.

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