Diario de León
Fermín Bocos

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En razón del imperativo legal que marca los tiempos de relevo en el Gobierno español, vivimos un momento político peculiar: lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo permanece a la espera de que se cumplan los plazos establecidos por la Constitución.

Menos de cuatro semanas para conocer la lista del nuevo Ejecutivo, un tiempo que para muchos suena a eternidad a juzgar por la impaciencia que describen los twiteros y los oyentes que llaman a las emisoras de radio españolas.

La espera se llena con las listas de ministrables. Cábalas alrededor de nombres cuyo prestigio profesional o cercanía a Mariano Rajoy convierten en candidatos plausibles para ocupar ésta o aquella cartera ministerial.

Desde Gónzalez Páramo a Luis de Guindos pasando por Cristóbal Montoro —sin olvidar a Rodrigo Rato— hay nombres fijos en las quinielas para ocupar el que más que sillón ministerial será potro de tortura bajo la placa de Ministerio de Economía y Hacienda.

Por no hablar de Trabajo. ¡Menudo regalo, con cinco millones de parados mirando angustiados al balcón esperando un milagro¡ Para desfilar por ese alambre hay quien dice que el señalado sería José María Fidalgo, leonés que es médico de profesión y antiguo secretario general de Comisiones Obreras, hombre de buen juicio y notable sentido común. Sí la especie se confirmara haría buena la promesa de Rajoy de contar con personas de valía ajenas al PP.

En la lista de cábalas y ministrables hay nombres fijos: Soraya Sáenz de Santamaría, Miguel Arias Cañete y Alberto Ruiz Gallardón y probables: José Manuel Soria y Antonio López Istúriz.

De Ana Pastor, se habla como futura presidenta del Congreso de los Diputados aunque en ese sitial también hay quien coloca al alcalde de Madrid, Ruiz Gallardón, hombre de moda del que se habla, además, como posible titular de la cartera de Interior y Justicia, dos carteras que ya conocieron una fusión en la etapa de Juan Alberto Belloch.

Si Rajoy acepta el consejo de Aznar rescatará a Josep Piqué y si se deja guiar por el consejo de Jaime Mayor Oreja, a Ignacio Astarloa.

En fin, de estas cosas se hablan en Madrid en vísperas de despejar dudas sobre nombres pero con la certeza de que la situación financiera y económica es tan aputada que casi nadie espera milagros.

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