FUERA DE JUEGO
La décima
Hoy empieza la décima. Parece el titular de un periódico deportivo madrileño en el mes de octubre pero me refiero a la Legislatura. Y es que para uno que se hizo madridista viendo cómo las mangaba Amancio, que creció mientras Butragueño exhibía su poderío... ante el rival y que transmitió la pasión blanca a sus hijos gracias a un Zidane que tenía todo el fútbol en la cabeza hasta que la perdió el día de su retirada, no resulta fácil estos días hablar del deporte rey. Y eso que esta noche El Toralín se convertirá en el teatro de los sueños para cientos de ponferradinos y bercianos, en muchos casos pertenecientes a la diáspora, que vivirán desde los rincones más remotos el que en verdad es el partido del siglo para la Deportiva.
Pero hoy también es día grande en el Congreso de los Diputados con el inicio de una décima Legislatura a la que se enfrentan los españoles con los ojos entrecerrados como quien aguarda un golpe en el rostro. Tantos meses de mensajes sobre la situación caótica de las finanzas de las administraciones públicas han ido calando y la sociedad aguarda con expectación y mucho temor unos tijeretazos que podrían convertirse en hachazos. Y se aguardan esas noticias desde una sensación de contradicción en la que no se entiende la agilidad de los indultos a banqueros o la celeridad cuando se trata de arreglar todo lo que concierne a esa clase política que cada vez más se asemeja a una casta que vive en palacios sin ventanas a la realidad de la calle.
Es difícil compaginar prejubilaciones o despidos o lo que sean millonarios, guerras de dietas y kilometrajes, e incluso reclamaciones con argumentos demagógicos de dinero para ciclos de charlas o clubes deportivos de élite cuando en León hay colegios en los que cuando llueve hace falta poner calderos para recoger las goteras, cuando las personas aguardan meses por una cita médica o cuando en una familia hay un dependiente que espera años la ayuda para llevar una vida digna.
Esta décima Legislatura se plantea como una exigencia. Una exigencia social para que no se mantengan unas estructuras que atentan contra la lógica, en las que se dilapidan fondos mientras se habla de recortes en lo esencial. Sobran instituciones, entes, consorcios y patronatos, pero también sobran carencias en educación, sanidad o bie-nestar social. No deben pagar los platos rotos los humildes. Esperemos que eso no ocurra hoy en El Toralín.