AQUÍ TE ESPERO
El caramelo
Hace un mes que en esta columna lamentaba ese gastar por gastar millones en León que ha sido, y seguirá siendo, un lastre.
No se trata de dar el caramelo al niño para tenerlo contento, porque el caramelo se acaba y la impaciencia vuelve, y con el tiempo es peor. Pues lo mismo ocurre con esos regalos que nos han hecho y que no sólo no sirvieron para solucionar nuestros problemas, sino que en buena medida son y serán causa de otros nuevos.
Hubo un momento en que se pensó que la solución a todo eran los museos. Se trataba de poner en valor algo y, de paso, para que no se olvide el pasado y para exponer parte del rico patrimonio público (o del privado, que se compró casualmente para ello) para que las generaciones futuras sepan lo que eran cosas como el pan y el vino (que ambos tienen museo en nuestra Comunidad), para eso se hicieron los centros de interpretación, porque ahora todo se interpreta, aunque muy pocos sepan tocar...
El problema llega después. cuando los ayuntamientos tienen que pechar con el mantenimiento del edificio regalado y se dan cuenta de que es un regalo envenenado.
Algo así ocurre con el Museo Etnográfico de Mansilla de las Mulas y algo parecido sucede con el Musac. Y podríamos seguir incrementando la lista, pero para muestra valen estos dos botones.
Ahora la Diputación se da cuenta de que el Museo Etnográfico le supone un gasto de 700.000 euros al año y los ingresos por entradas son el chocolate del loro. Porque en verano, todavía hay visitantes, pero el resto del año...
Y qué decir del Musac. Como ha sido gratis se ufanaban con los cientos de miles de personas que cada año pasaban por sus exposiciones. Ahora que piensan cobrar (y eso que serán precios reducidos) ya veremos la afluencia que hay.
No se trata de decidir entre hacer un museo o una autovía, ambas cosas tienen un mantenimiento, pero muchas veces no es rentable, si se tiene que vender el coche para comprar la gasolina. Igual que no son rentables tantos polideportivos de pueblo, que están muertos de risa y dentro de unos años estarán destrozados, a pesar del poco uso. Cada localidad quiere tener su parque infantil y su polideportivo, aunque no hay ni media docena de usuarios. Sirve para presumir y para que lo disfruten los veraneantes.