EL RUBICÓN
El hombre tranquilo
Ala nueva mandamás interina del Partido Socialista le ha sobrevenido un caso de violencia de género, sin comerlo ni beberlo, y ha tenido que recibir una llamada de las más altas instancias del partido para que reaccionara. Primero, que si no era competente, después que si el concejal del Partido Socialista en Quintana del Castillo, Manuel Rodríguez Aller, no estaba afiliado. Excusas y más excusas para no decidir.
Teresa Gutiérrez siempre se ha evidenciado por ser una firme defensora de las mujeres, dentro y fuera de su partido, y por eso no se entiende ese ser tan pusilánime con un caso tan claro. Otros serán los que tengan que explicar por qué un condenado por violencia de género pasó a engrosar las listas del PSOE, afiliado o no, pero a ella le correspondía atajar rápido el error. Y sin medias tintas ni zarandajas. Manuel Rodríguez Aller fue condenado y, por tanto, Teresa Gutiérrez debió exigir antes su salida inmediata del grupo socialista en Quintana del Castillo y si no expulsarlo.
¿Qué diría Teresa Gutiérrez si el caso se hubiera producido en el Partido Popular o en la UPL? ¿O es que el hecho de que sea hermano del alcalde de Vegacervera y miembro de la gestora, Luis Rodríguez Aller, le hace inmune?
Quizás la jefa interina del PSOE ha olvidado que la lucha contra la violencia de género fue una de las banderas del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Bien está asistir a las concentraciones de los ‘Lunes al Sol’, como hace la procuradora en Cortes del PSOE, pero aquí no vale sólo predicar es necesario dar trigo, como diría Miguel Alejo.
Quien ha dado toda una lección de saber irse es el ex presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que en la entrevista exclusiva concedida al Diario dejó claro que no va a polemizar ni con los suyos ni con los otros y que no guarda rencor a nada ni a nadie. Zapatero se va como llegó, sin hacer casi ruido y sin ofender a nadie. Ha vuelto a su León para pasar la Navidad y lo ha hecho sin alharacas y con su viejo coche, el Lancia que tenía antes de ser presidente del Gobierno.
Zapatero, al más puro estilo John Wayne en Un hombre tranquilo, es ese buen, tranquilo y pacífico hombre que ha vuelto a su casa para recuperar su vida y unos principios, a los que sólo renunció cuando le obligaron a aplicar el drástico plan de ajuste.