Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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De chavales nos hacía mucha gracia aquel chiste en el que un peluquero le pregunta al cliente: «¿Recorto las patillas?, y éste contesta: «¿Y con qué ando, con los cojoncillos?» La crisis le ha venido a dar la razón al indignado cliente, el suyo era un planteamiento irrefutable. Sin patillas no puedes ni siquiera arrastrar los pies. En el 2012 la maquinilla del recorte caerá sobre el cogote de gran parte de la sociedad española. Pero para recortar hay que tener de dónde. La tijera no puede ser la misma para el alopécico que para el melenudo. «En cien años, todo calvos», dice el refrán. Vale, pero algunos nos bajaremos un poco antes. Dentro de un siglo, lo que queremos es estar jugando al bingo allá arriba y no congratulándonos de lo acertado que fueron las medidas económicas tomadas a estas alturas del XXI. Por tanto, si no es mucha molestia, y sin ánimo de meterle prisa a don Mariano, sería de agradecer, que los resultados positivos lleguen cuando aún estemos en edad de disfrutarlos. No mañana, pero sí pasado. El economista Keynes dijo que recelaba de los negocios a largo plazo, «pues a largo plazo todos estaremos muertos». O sea, todos calvos. Además, tampoco todas las calvicies son iguales. La de Botín, por ejemplo, brilla y se la puede hasta peinar. Pero a Yul Brynner no hay por dónde meterle el recorte, salvo que la oreja se considere pelo.

Recortar es arte de la justa proporción. A la nada no se le puede meter la tijera del recorte, del mismo modo que a Paquirrín no hay peluquero que pueda hacerle un tupé. A la nada no le puedes pasar el peine

Mientras, el concejal portavoz del equipo de gobierno, López de Benito, reconoce que «el Ayuntamiento siempre ha sido mal pagador». Cierto. Resulta difícil comprender los motivos, salvo porque siempre ha sido así. El proveedor que cobra puede a su vez saldar sus deudas, y en esta verdad de Perogrullo se apoya uno de los pilares maestro de la economía. Es fundamental conseguir el pronto pago, o, al menos, el pago en tiempo razonable. «¿Cuánto cortamos?», me pregunta cada vez mi peluquero. Y le preciso: «Lo justo para no parecer el alcalde rockero de Oencia». Luego él corta y recorta lo que le da la gana. Este año va a ser de todo menos aburrido.

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