Diario de León

LA 5.ª ESQUINA

El mismo amor, la misma ilusión

Publicado por
JESÚS Á. COUREL
León

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Cuando cae la lluvia sobre el rostro de la actriz Soledad Villamil —en una escena de la película El mismo amor, la misma lluvia —, cierro los ojos y presiento los árboles dorados de mi infancia, con sus ramas de afectos, alegría e inconsciencia. Luego me pregunto de donde vienen esos recuerdos, si los investigadores dicen que la memoria está fuera de nosotros, en algo que llaman campo mórfico y que parece ser lugar cuya dimensión no es observable. ¿Será por eso qué perdemos conexión con el pasado? La lluvia del domingo trajo fugaces crónicas de olores a tierra mojada que, al igual que la memoria, se fueron a descargar sobre otros pardos tejados. Las gotas de lluvia que resbalaban por la sonrisa de la protagonista de la película argentina, no son la Lluvia amarilla de Julio Llamazares —agua otoñal que trae desvaríos de soledad y presencia de muerte para el protagonista del relato que vive solo en su aldea, con la única compañía del tiempo perdido—, sino licor de juventud que pretende esquivar las miserias urbanas de ese dios salvaje de Polanski. Ni siquiera anima esta débil lluvia de enero, que pasó atolondrada sobre rebajas y recortes (perdón, ajustes), a creer en un futuro que brotará de nuestra tierra, en buena parte baldía.

La imagen del campesino en los negros fotogramas del Nodo, fue para el régimen la de un famélico y triste individuo, con una mula y un arado romano; abriendo surcos en una tierra inhóspita, pero con la «sobria y recia espiritualidad del hombre castellano». Pero, la agricultura hoy no se viste con pantalón de pana remendado, con rezos de boina en mano, con pota colgando de la preganza o la luz de un gabuzo en el hogar. No debe ser tampoco pimientos en botes dorados sin etiquetar, castañas vendidas en la calle a los turistas de Las Médulas o aguardiente de alambique y vino casero, comprado a escondidas como si estuviera vigente la ley seca.

El campo de nuestros días viene con bata blanca, salarios dignos, eficaces consejos reguladores, campañas de promoción adecuadas, graduación seria de cuotas y transparencia en la cadena de valor. La agricultura trae esencias de mermelada de manzana a la canela con trozos de nueces, botes grandes de melocotón en rodajas bañadas de vino tinto, setas caramelizadas, remolacha escabechada de frambuesa, higos preñados de frutos secos bajo un baño de chocolate, botillo envasado al vacío, suculentas mantecadas y excelentes vinos con atractivas etiquetas, para mayor gloria de una tierra que tiene que renacer del mismo amor con la que trataron nuestros mayores y con la misma lluvia de siempre… Había que hacer algo.

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