LEÓN EN VERSO
Petas y trapas
Ya se habrán encontrado con las farolas encendidas a la puerta de los garitos, con el inquilino dentro sacando brillo a la botella y a la barra, para entretenerse de la mala cara que le dejó la estaca de la crisis. El hostelero no sabe ciertamente a quién maldecir por esta racha de locales despejados a la hora en la que antes había bullicio; y tampoco la razón por la que la progresión de los tributos no va paralela a la recesión de suelto en los bolsillos.
La gallina de los huevos de oro está a punto de caer en la cazuela para el último guiso. Luego se verá en este León donde ya no hay material para hincarle el diente y dar soporte a los gastos que genera el sistema. A la próxima remesa de cierres que se anuncian en la cara del camarero se va a unir otra de comercios, que van a aguantar el tirón de las primeras semanas de rebajas con el alta en el contrato de la luz antes de poner la trapa bajo siete candados y la llave en el Bernesga. Bien al fondo.
El rictus de la hostelería que no sale en las estadísticas del INE, de esas que fijan el flujo de turistas que caen sobre la provincia leonesa en los puentes y fiestas de guardar apelotonadas comenzó a torcerse el día que la ley ajustó que el pitillo se echaba de cara a la helada; así se dibujó otro decorado en el acerado leonés, con el hálito congelado a la vez que el humo del cigarrillo y la caja de caudales comenzaba a chirriar. En la norma también se desparramó la trampa, que enciende a los hosteleros que cumplen a rajatabla. Resulta que hay caudal público en el plan municipal contra las drogas con sede a escasos metros de garitos en los que se imparten conciertos mientras el botafumeiro de la maría y el hachís unge las cabezas de los presentes; y no, a la puerta no va la lechera de la policía a echar mano de los que se ciscan en la ley de la salud pública, no; a la entrada se amontonan especialistas del menudeo y liantes de petas a hacer el negocio de la media noche. Arden teas de estupefacientes, pero pobre del que encienda un truja y rete a la ley que dejó Zapatero y a los hosteleros cabreados.
En los restaurantes se fuma en pipa por la caída de clientela en el sábado noche, en la que ha habido un trasvase de mesa y mantel a tapeo de urgencia a la puerta de un velador improvisado, por eso de economizar el tiempo de ocio entre bocado y calada sin atacar la ley. La ley de las trapas caídas.