Diario de León

TRIBUNA

El último abrazo de don Manuel

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ANDRÉS MURES QUINTANA
León

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Recuerdo como si fuera ayer la llegada todas las mañanas del profesor Fraga a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense a bordo de un Seat 600 conducido por una de sus hijas para impartir sus clases de Teoría del Estado. Iba siempre rodeado de profesores ayudantes y adjuntos, y sus llegadas puntuales los días que impartía nunca pasaban desapercibidas. Era simplemente un ciclón andante; tampoco se me va de la memoria el primer día de clase (octubre-noviembre del 69). Don Manuel (como todo el mundo lo llamaba incluido el rector y el decano de la Facultad) acababa de ser «botado» de uno de los últimos gabinetes del general Franco por la facción del Opus Dei, todo ello a consecuencia del llamado caso Matesa, posiblemente el mayor escándalo financiero de la época franquista junto a la quiebra de Sofyco en la Costa del Sol. Contradicciones de la vida, los ministros del Opus Navarro Rubio y Espinosa San Martín, principales responsables de la quiebra de 10.000 millones del Banco de Crédito Industrial por las trapisondas de empresario catalán Juan Vilá Reyes, fueron encausados junto al ministro de Comercio Faustino García Moncó, muy próximo al Generalísimo. Curiosamente —paradojas del destino— el Opus salió muy reforzado del escándalo, tanto que Fraga flamante ministro de Información y Turismo desde la remodelación del 66, salió despedido como un obús, y así, como un proyectil llegó a la Facultad. Siempre Fraga genio y figura. Luego la embajada en Londres hasta mediados los 70 donde bebió de las fuentes del conservadurismo inglés y ciertamente quedó prendado de aquella democracia de derechas que en nada se parecía a la montaraz ibérica. Conservo mil recuerdos de la vida de don Manuel, al que con discrepancias a veces profundas me unía el respeto que liga al alumno que se interesa vivamente por la materia que imparte el maestro. Es indudable que la cabeza de Fraga era simplemente genial. Lo mismo que su carácter, bronco en no pocas ocasiones, pero también era un alma sensible y el que relata puede constatar lágrimas en sus ojos en muchas de las ocasiones que coincidimos en multitud de actos políticos y académicos en el Madrid del postfranquismo. Las butacas del Club Siglo XXI, las del Club Internacional de Prensa, los salones del Ateneo o los pasillos del Instituto de Estudios Constitucionales son referentes válidos de aquellos años, lo mismo que personajes añadidos a estas secuencias como los profesores Raúl Morodo, Jorge de Esteban, José A. Maravall, Manuel Medina, Roberto Mesa (+) o Manuel Pastor entre otros varios.

Emotivos eran los actos en los que en casi todas las ocasiones se rendía pleitesía a una personalidad fuera de lo común. No era Fraga nada dado a la lisonja ni al jabón barato, antes bien, le gustaba lo directo, lo real y lo enteramente válido. Como mente extraordinariamente lúcida sabía separar de inmediato el grano de la paja. Era afable en la intimidad, guardando, eso sí las distancias (trataba de usted a prácticamente todo el mundo) y áspero en el gentío circundante.

León capital y algunos lugares de la provincia eran junto con su Villalba del alma y más tarde el pueblecito de Perbes, referentes en su vida y andanzas del escaso ocio que se procuraba. La pesca era pasión y los ríos de León fijación. Posiblemente y sin grave riesgo de equívoco,las riberas del Curueño y sobre todo su amada Villafranca del Bierzo, constituían para Fraga el culmen del relax. Los cotos de pesca cercanos y el Jardín de la Herradura suavizaban la brusquedad de aquella mente privilegiada e incansable. Allí tenía amigos tan discretos como entrañables y de entera dedicación. Todos los septiembres, las juntas locales del PP del Bierzo, a las que se sumaban las del resto de la provincia y algunas de Lugo, organizaban en La Charola una cena homenaje. A los postres, y después de breves palabras de él mismo, del alcalde de Villafranca y de algún otro preboste, se iniciaba una peregrinación interminable a la mesa presidencial, donde don Manuel escuchaba sin demasiado interés ni entusiasmo delirante a los que se acercaban en cola sin fin a rendir homenaje y a pedir favores. A mí, que le recordaba las clases de la Facultad siempre me dedicaba un libro suyo con la firma correspondiente, los cuales, por supuesto, conservo con ilusión y nostalgia. A las doce en punto (en punto) Fraga se levantaba de la mesa como impulsado por un resorte y con legión de escoltas y media docena de guardias civiles del puesto de Villafranca, montaba en el Volvo verde acorazado y se perdía en la noche. Con el tiempo fuimos sabiendo que no se iba a Santiago sede de su presidencia, sino que en una finca cercana de un devoto descansaría plácidamente hasta no más de las seis de la mañana. Antes de caer las ocho ya estaba en el río con botas, caña y sombrero probando suerte con el anzuelo.

Fraga era impulso, motivación, trabajo sin desmayo, autoridad, honradez y sabiduría. Estas pequeñas historias son las desconocidas para el gran público, su rúbrica política es la conocida suficientemente. En el 76 funda Alianza Popular con Fernández de la Mora, Martínez Esteruelas, Thomas de Carranza y así hasta los llamados siete magníficos. En el 90 cede los trastos a Aznar que es el verdadero fundador del moderno PP. Aznar fue tocado por la vara de la fortuna en última instancia, y de esta suerte Isabel Tocino que era la elegida se quedó en puertas. Aquel verano lejano, Rato, Cascos y Trillo (quizá también el joven Gallardón) iban y venían de Madrid a Perbes (La Coruña) en interminables viajes. Al final, los conspiradores se llevaron el gato al agua, cosa rara y sumamente extraña tratándose de Manuel Fraga, pero….

Fraga no fue ya el mismo desde la muerte prematura de su queridísima Carmen (Estévez Eguiagaray), leonesa de pro. Agasajado por muchos, vitoreado por otros tantos, en las inmensidades del palacio compostelano de Raxoi, su residencia presidencial a lo largo de 16 años, paseaba meditabundo su inmensa soledad de humano. Mucho se podría hablar de los 60 años de don Manuel en la vida política de la España más reciente, pero destaquemos sobre todo su proverbial honradez, su modo de vida austero hasta el ascetismo y su enorme capacidad de trabajador incansable. Al mismo tiempo, y aunque alguno lo ponga en duda o en solfa, su tolerancia. La presentación en sociedad de Santiago Carrillo en aquella jornada memorable en el Club Siglo XXI, es una muestra imperecedera de ello, por mucho que les duela a los comunistas de nuevo cuño.

Hace unos meses, con ocasión del I Congreso del PP en el Exterior celebrado en el Auditorium de nuestra capital, Fraga hizo su última visita a esta su querida segunda tierra. Me acerqué a su silueta ya muy castigada y al oído, bajo la atenta mirada de un escolta excesivamente celoso, susurré aquellas palabras que siempre le emocionaban : «don Manuel, soy el maragatín de Astorga, su alumno de Políticas». Me cogió las manos entre las suyas con fuerza exigua pero con calor de ser agradecido. Yo le abracé con lágrimas mal contenidas sabiendo con certeza que sería ya la última vez.

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