Diario de León
Publicado por
MIGUEL PAZ CABANAS
León

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Se está empezando a robar de todo, hasta las catenarias de los trenes, y en León los amigos de lo ajeno parece que no quieren quedarse rezagados en la ambición de sus incursiones. A los botillos, cecinas y jamones que, aparentemente, se tenían por resguardados y a buen recaudo en sótanos y fresqueras, se ha unido recientemente el cuerno de un rinoceronte, ubicado — también se supone que a salvo de chorizos— en el Museo de la Fauna Salvaje de Valdehuesa. Muy cotizado en tierras de Asia por su presunto poder afrodisíaco, lo del rinoceronte nos lleva a pensar que, además de su envidiable modo de vida, los chinos quieren desperdigar sus cromosomas amarillos a lo largo y ancho del planeta. Va a tratarse, finalmente, de una conspiración a lo Fu-Man-Chú.

Tal como están las cosas, puede que falte muy poco para que en León, armados con un camión de mudanzas, se dediquen a expoliar pueblos enteros, aprovechando que en el medio rural ya solo quedan cuatro viudas y un puñado de gatos menesterosos. El día que descubran el valor de la pizarra, levantarán tejados enteros y de ahí a llevarse piedras de sillería de ermitas o casonas, habrá un paso solo. No debe causarnos mayor alarma. Podemos decir que es un signo de los tiempos. Hubo una época en que los hermanos Frank y Jesse James asaltaban ferrocarriles a golpe de colt y, aprovechando que tenían que cruzar la frontera con Méjico, atracaban por el camino algún banco. Esto último, curiosamente, es cada vez menos usual, probablemente porque el dinero sólo se lo prestan entre ellos (los bancos) y en sus cajas fuertes ya no queda ni para pipas.

Claro que existen formas de latrocinio más elegantes y que gozan de un incuestionable prestigio social. Porque no sé a ustedes, pero a mí, de un tiempo a esta parte, me da la impresión de que me están robando en las mismas narices. Con alevosía, premeditación y, sobre todo, con una impunidad asombrosa. Entidades y personas varias que se han dedicado a derrochar lo que no era de ellos y que han llenado sus bolsillos, o los de otros, con dinero público. Lo público, que a fuerza de ser rapiñado, desviado y mal gestionado, acabará por desaparecer, como los cuernos de los unicornios y los embutidos de La Cabrera.

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