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JUAN LLOR BAÑOS. MEDICINA INTERNA. HOSPITAL DE LEÓN
León

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Es un «colectivo» que pienso quizás podría crearse con el fin de reforzar y asegurar uno de los bienes de capital importancia en la sociedad como es la atención sanitaria de todos. La atención sanitaria, una de las bases del bienestar social, requiere que todos colaboremos, de forma ineludible, en protegerla aportando ponderadas soluciones siempre, y más en estos momentos, en donde hay que priorizar y valorar muy bien los fines a conseguir.

El «colectivo» de enfermos sabe muy bien que la medicina mejor hecha es la más barata: se evitan revisiones innecesarias, reingresos, repeticiones de pruebas,… etc. Para tender a esa mejor medicina, es evidente que lo primordial es mantener a los profesionales de la sanidad lo mejor formados posible.

Por lo cual, sería exigible siempre, y más en estos momentos, que para conseguir el mayor ahorro en el gasto sanitario se programaran, por ejemplo, unos módulos de Formación Continuada que garantizaran y consolidaran el nivel de calidad profesional en todo momento. Y, por supuesto, que la Administración fuese la primera interesada en su cumplimiento, pues si seguimos abocados en la jornada laboral prácticamente a la sola función asistencial por parte de los facultativos se puede estar perjudicando al enfermos más que beneficiando: al enfermo si no se le conduce médicamente con unos conocimientos permanentemente actualizados no se le lleva bien y, además, es fuente de desproporcionados gastos que se debería evitar siempre, y más en estos momentos.

La eficacia de dicha política estoy seguro que no dejaría de producir su fruto. Los médicos pienso que somos conscientes que ese es un elemento prioritario como ningún otro para garantizar la estabilidad del sistema sanitario del que gozamos. Sólo falta que la Administración se deje aconsejar, también, por los facultativos de cada especialidad en el modo de optimizar el trabajo respectivo, y se empiece a notar el gran ahorro, sin merma de la calidad, que se derivará de esa política. Pues parece evidente que incrementar a los facultativos con unas cuantas horas más, trabajando con los mismos instrumentos desfasados, podría todavía empeorar más la situación y generar más gastos.

No obstante, es verdad que no todo se queda ahí en cuanto a la mejora del sistema sanitario que tenemos, y como es lógico existen reclamos de situaciones más o menos injustas que hay que solucionar ya, y considerar también siempre estaremos luchando hoy, mañana, y pasado mañana, por muy buenos que sean los políticos que nos gobiernen, en la mejora y justa consideración al profesional sanitario.

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De ahí, que en el mundo sanitario, el planteamiento de una huelga tenga unos matices muy especiales, y sin entrar en si es razonable o no una huelga en la que los primeros perjudicados ciertamente son los enfermos, sí me parece que se debería exigir siempre antes de su planteamiento, la existencia de un arbitraje dotado de suficiente autoridad moral y competencia técnica para que sus resoluciones se impongan por fuerza de razón entre los planteamientos de los promotores de la huelga o sindicatos y las instituciones públicas o privadas. La actuación de ese arbitraje debe ser ineludible, porque todas las partes están obligadas, por diverso título, a no perder de vista nunca la particular obligación que tienen de no dañar nunca, aunque sea indirectamente, a los enfermos, pues en lo que estamos todos de acuerdo es que los fines no justifican los medios.