León

Creado:

Actualizado:

La pregunta que habría que hacerse es qué importancia tiene nada una vez sabes que la fuerza de las cosas es implacable y sólo te queda la resignación. La resignación, la virtud a la que te enfrentas, la virtud contra la que luchas hasta que el tiempo te revela que no hay nada contra lo que puedas rebelarte y, poco a poco, vas regresando, vas haciendo el camino de vuelta, desandando el sendero. Un paseo de ida y vuelta, si bien en el retorno nada parece ya igual, sobre todo tú mismo, porque sabes que el tiempo termina por calmar las cuitas, y porque ya has aprendido que es entonces, precisamente, cuando el tiempo ha comenzado ha convertirse en tu problema.

Pero mientras tanto, queda entonces, ese entonces que tenía música de Alberto Cortez y en el que también sonaban Sinatra y Cohen. Entonces amanecía de color vainilla y la tarde se iba apaciguando con el brillo amalvarado que entraba por la buhardilla. Entonces lo recuerdo con el olor de tus cigarros y con el de aquel otro, Tabac, que venía en estuche de cuero marrón y tenía el tacto de la cerámica. Era ese entonces un lugar en el que aún no eras huérfano, o no del todo, y en el que todavía podías acoger nuestro futuro en tus manos. Entonces era una litera en la que dormía sin miedo; entonces eran los sábados en la nieve y los domingos en la Cruz, entonces los veranos tardaban tanto en llegar... que luego nunca querían despedirse; era el sol de entonces y las estrellas destiladas desde la ventanilla del coche. Entonces fue la demostración de que la única voz a la que merece la pena escuchar es a la propia, de que fuera hay demasiado ruido y de que siempre hay que contar con la incredulidad. Fue ese entonces un entonces de libertad, ajeno a la imposición, sin órdenes ni exigencias, un entonces en el que quedaba claro que la incertidumbre también es una compañera con la que dialogar y fue aquel lugar, siempre, la casa de la generosidad. Y entonces también eran tus libros, Stefan Zweig y Marañón, Tiberio ¿recuerdas?, el momento que luego reviví contigo en Capri, aunque tú no estuvieras, al menos no entonces, y El Rojo y el Negro , y Carl Sagan y la ambición, el conde duque... y Horacio, Aere perennius , más duradero que el bronce, como yo te recuerdo entonces, y Machado, porque sabemos que entonces es aún siempre, y tú y yo ahora, todavía.

Cargando contenidos...