AQUÍ TE ESPERO
Unas perrinas
Los céntimos eran moneda de mi infancia. Se les llamaba perronas o perras gordas a las de diez céntimos y perrinas a las de cinco. Con una de éstas te comprabas una bola de anís, que era la chuche —que se dice ahora— por antonomasia, aunque no fuera más que porque era lo único dulce que existía además de algunos caramelos y los prohibitivos bombones.
Unos céntimos más o menos eran motivo de disputa, porque la peseta era algo grande. Pero cuando entramos en la CEE y llegó el euro, la peseta se olvidó y nos creímos ricos. Mientras los alemanes purgaban por la equiparación monetaria con unos redondeos al alza que les hicieron olvidarse de largas vacaciones y propinas (a decir de los sectores más afectados en las provincias turísticas frecuentadas por los teutones), en España nos creímos ricos y redondeábamos lo que hiciera falta creyendo erróneamente que un euro eran cien pesetas y nos quedamos tan anchos. Por eso llegó el desmadre y se igualó el café de 80 pesetas a un euro, que era el doble y aquí no pasaba nada.
Pero volviendo a épocas pretéritas, yo que comencé pagando la gasolina para mi R5 a 13 pesetas el litro y que echando 300 pesetas tenía para una semana, no entiendo el follón que se ha montado con el denominado «centimazo sanitario». Y no lo entiendo porque sin ir tan lejos, el pasado verano el combustible subió a la estratosfera y casi llegó al euro y medio. ¿Motivos? los que nos quieran contar, porque si lo países productores cierran el grifo o suben los precios, tampoco bajan éstos automáticamente cuando deciden reducir el precio del barril. Por eso que, como además el precio del combustible es político y tiene tal cantidad de impuestos incluidos, no entiendo que se monte la bronca ahora por unos céntimos que en este caso sí sabemos a dónde van a ir a parar.
Si no podemos con la risa para financiar la sanidad y con unos pocos céntimos se soluciona, digo yo que será mejor que seguir pagando subidas de gasolina sin saber el paradero de esas perrinas. Porque todavía recuerdo los problemas sociales que había en la España de los Sesenta cuando se subía el precio del pan y los panaderos de entonces se sorprenderían ahora de lo que puede llegar a costar una barra.
No es que defienda el «centimazo» como tal y las subidas sin más, pero nos las hacen sin nada a cambio. Ésta al menos nos ayudará a todos.