FUERA DE JUEGO
Paponas
Esta semana, tras el puente festivo, comenzarán en muchas familias de toda la provincia los preparativos para la Semana Santa. Hay mucha túnica o hábito —depende del lugar— que airear, planchar o a la que arreglar el bajo por esa manía que tienen los niños de dejar pequeñas las cosas tras doce meses. Es lamentablemente el momento de las paponas , esas penitentes anónimas —madres o abuelas— que cada año hacen su penitente labor callada y que sin duda tan importante es para que las procesiones luzcan como es debido. Y también serán las que en muchos casos se verán obligadas a intentar dar una complicada explicación a las más pequeñas de la casa del porqué para ellas no se prepara también una vestimenta para participar en la procesión.
Hace ya mucho tiempo que las mujeres han conseguido hacerse su hueco en la Semana Santa y son mayoría las cofradías que no hacen distinciones. Los tiempos han cambiado y apenas media docena de cofradías mantienen en la provincia la exclusión por motivos de sexo. Como suele ocurrir con tantas cosas al final todo es cuestión de tiempo. Apelar a la mera tradición no tiene ningún sentido porque nada ha sido ni será perpetuo y mucho menos si incluye algún tipo de injusticia. De momento lo único claro es que ese aplazamiento de la normalización en el mundo cofrade al menos provoca que otra generación de niñas y chicas se vean privadas de participar en la procesión.
Las disculpas son fáciles pero también las soluciones si se quieren encontrar. Se habla mucho del problema de la puja mixta de pasos pero mirando al entorno se encontrarían soluciones ya ideadas como la reserva de varas o incluso de pasos para que las mujeres tengan su hueco.
Hay quien dice que hay mujeres que se cuelan en las procesiones a escondidas porque con el capillo puesto no se ve la diferencia. No sé si será verdad o una mera leyenda urbana.
Pero sí me temo que estas paponas de plancha en mano un año más tendrán que enjugar las lágrimas de sus pequeñas este Jueves Santo cuando en casa se ultimen los preparativos para que los chicos de la casa se vayan de madrugada hacia Santa Nonia.
Me duele especialmente oír a personas a las se les llena la boca con palabras de progresía durante 364 días como durante una mañana se aferran al clavo ardiendo de la «tradición».