LA LIEBRE
Recortes
Los recortes amenazan con ser la tendencia de la temporada, junto con las bailarinas de lunares, los pantalones pitillo o el gin tonic con pepino. Costumbres que se cogen por mimetismo con el ambiente. Quien no recorta, no va a la moda, que ahora lo cool es contar a los cuatro vientos que hay que ser austeros, que se ha vivido mucho tiempo por encima de las posibilidades, que este es el pago por tanto derroche… Como si se acabara de entrar en el Nuevo Testamento y nadie se acordara del Génesis de las herencias. Como si los ciudadanos, que han estado ahí todo este tiempo como personaje de fondo, con voto limitado una vez cada cuatro años pero sin voz, tuvieran que asumir la expiación por los pecados que han cometido los políticos.
Y encima darles las gracias. A unos y otros. A los socialistas que pagaban cenas de más de cinco mil euros en New York y soñaban con desayunar delante del escaparte de Tiffany’s; a los leonesistas que jugaron con la llave muchos años para colar a amigos y comprar votantes con empleos; a los populares que pensaban que endeudamiento era una cuenta para pagar obras y suministros que se volatilizaba cada cuatro años, que sacaban millonarios servicios públicos a concurso para beneficio privado.
Los tres partidos, con intervalos y alternancias, en solitario o coalición, como monaguillos o sacristanes, han conseguido cavar un pozo sin fondo que habrá que tapar con billetes de 100 euros del bolsillo de los vecinos para subir al autobús, llevar a los niños a la guardería o a las escuelas deportivas. Una zanja que rellenar con multas de tráfico, ahora que el radar amenaza con convertirse en el francotirador de Stalingrado, apostado detrás de cada esquina como la Vieja’l Visillo. Un socavón que cubrir de inicio con 150 nóminas que, en menos de un año, puede que se conviertan en el doble. Una contención que también se agradecería que tuvieran ellos mismos, como Isabel Carrasco en la Diputación, donde a principios de mandato se subió el sueldo 6.000 euros al año y ahora acaba de premiar a seis de sus diputados sin dedicación exclusiva con una propina de casi 3.000 euros mensuales.
No hay mucho donde elegir. Sucede como en Amanece que no es poco, cuando el cabo anuncia que la Guardia Civil ha perdido las elecciones y salta el pueblo alborozado. «Las ha ganado la secreta. Ahora sí, la secreta somos nosotros mismos», resuelve.