LEÓN EN VERSO
Lista de listos
Hay cosas que son muy difíciles de explicar al contribuyente; cosas que superan los límites de la decencia, de los principios esenciales del respeto. Hay que tener cara para ponerle a doscientos cincuenta vehículos la pé de prebenda para aparcar donde les venga a en gana, exentos de multas, mientras una nube de agentes se abalanzan cada día sobre los administrados a extraer el jugo de la sanción de tráfico, que es uno de los mejores argumentos para hacer caja en el Ayuntamiento de León, a tenor de los secretos de la hacienda municipal en los últimos años. Doscientos cincuenta vehículos, doscientas cincuenta matrículas, que tienen detrás nombre, apellidos y documento nacional de identidad. Doscientos cincuenta tipos liberados de la pena de buscar un lugar adecuado para aparcar mientras el resto de indígenas y forasteros de la ciudad se baten con la máquina de la calderilla de la ORA o los parquímetros de oro de los subterráneos que cambian euros por segundos; qué decir de los golpes de vista con los que se fustiga a diario al conductor que osa atravesar la urbe.
La lista de los doscientos cincuenta listos no era de ayer; ni siquiera de este siglo. Se alimentó de los cambios de inquilinos en las plantas nobles del Ayuntamiento hasta enfilar la cuantía del cuarto de millar, que ya son comensales para el pesebre. Y se enquistó como metástasis por la estructura burocrática que siempre tiene guardianes fieles entre el funcionariado.
Se aparcaba el coche en zona amarilla mientras en los balcones públicos se dictaban discursos sobre ética y se hartaban los perros con longanizas de decencia. Otra opereta que han sufrido los leoneses durante años —se podrá saber cuántos el día que Chamorro meta en el registro la solicitud de luz y taquígrafos—, otra ración de dos tipos de leyes, de parias y brahamanes, de los que sostienen el sistema y de los que se aprovechan de él.
Durante un tiempo, más del que emplean las golondrinas en cruzar el océano, doscientos cincuenta tipos han contado con el privilegio de poner su coche donde les venía en gana; un ejemplo de corrupción, parece. Puestos a soltar el caballo de la imaginación, es hasta creíble que hubiera una lista de espera para sumarse a esta lista de los listos que disolvió Emilio Gutiérrez a golpe de decreto municipal, no fuera que el funcionario de turno no entendiera bien al alcalde.