LA 5.ª ESQUINA
Una aduana para dos idiomas
Un hombre llamado José escribió hace medio siglo que la poesía era un mundo ingrávido, una ciudad transitada de sueños, poblada de preguntas y habitada de cuandos, tras la aduana donde se hablan otros idiomas. Una hermosa metáfora que un día los villafranquinos convirtieron en celebración, para festejar el sentido de su existencia, alejado de industrias y de los desvaríos de las primas de riesgo. En su primer certamen de 1969, la fiesta de la poesía de Villafranca del Bierzo, premió a José María Fernández Nieto —galardonado en el 2012 con el Premio Castilla y León de las Letras—, quizá por ser autor de un pórtico de elocuentes imágenes con las que defendía otra vida al margen del dinero y los negocios. Fue Nieto el poeta idóneo para comenzar la andadura de esta fiesta de los versos, celebrada como «encuentro poético» desde 1966, que cambió de rumbo aquel año con la entrada de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. Con los fondos aportados por esa piadosa entidad llegó a certamen lírico, ampliándose las secciones y entregando varios premios en metálico, incluyendo el dedicado a Ramón González-Alegre (fallecido ese año) que recayó en Gilberto Núñez Ursinos, ambos recordados para gozo y sosiego de los que viven en las nubes de vez en cuando.
El primer premio estaba dotado con 20.000 pesetas y le fue concedido a Fernández Nieto por el poema titulado: Poemas del amor de cada día , siendo miembros del jurado, entre otros, Antonio Pereira, Victoriano Crémer y Ramón Carnicer. Con estos jueces, no hay duda de la honradez del veredicto. El poeta no pudo asistir a recoger el galardón, pero volvió como mantenedor en 1971. En crónica periodística de la época se le cita con valor literario de corte clasicista y con sensibilidad exquisita para llevar al papel los temas ordinarios de la vida. «Esto es amor, mujer, esta ventana / olorosa de adioses y de ramos / donde tú y yo, mujer, nos asomamos / para ver como crece la mañana».
Este farmacéutico palentino, de larga trayectoria como escritor (iniciada en 1941), obtuvo también en León el premio Antonio González de Lama en 1973, por su obra La nieve , editada por la colección Provincia. En la rebotica organizaba tertulias y financiaba revistas de poesía, como Nubis o Rocamador, para divulgar a los jóvenes poetas. «Advierto que estoy vivo, que quemo si me tocan, porque esto es un poeta, a fin de cuentas, alguien que no tiene la culpa de haber nacido ardiendo…» La poesía nos lleva a la aduana que separa dos idiomas, el de la generosidad y el individualista. Y a cada uno le tocará pagar los aranceles de su elección… Había que hacer algo.