Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Miguel Castaño mucho antes de ser una calle fue un hombre, a quien no se le permitió morir de viejo. El Palacio de Don Gutierre acoge desde ayer una exposición dedicada a la figura de este alcalde de León y director de La Democracia , ejecutado en 1936 dentro de la estrategia de represión impuesta por los sublevados. Ejecutaron a un hombre inocente y buena persona. Únicamente quienes no hayan tenido jamás en sus manos un ejemplar de su periódico, y quien esto escribe ha tenido muchos, podrían afirmar que se trataba de un medio de extrema izquierda. Era un periódico laico, republicano y socialista moderado. Ni más, ni menos. La estrategia del terror consiste precisamente en eso: en que la población se dijese si «a don Miguel que era bueno le han ejecutado, entonces…».

Y sí, a veces, las batallas que algunos pierden en vida corresponden a otras generaciones ganarlas. ¿Cómo puede ganarse una batalla lejana en el tiempo? Primero, proclamando que tuvo lugar. Después, preguntándose ¿qué puedo hacer? El Ayuntamiento de León ha actuado acertadamente al ceder sus instalaciones para esta exposición, comisariada por Nael Blanco y organizada por Juventudes Activas, quienes han editado también el libro Asesinaron La Democracia , de Carlos J. Domínguez. Quienes trabajan en actividades sobre la Memoria Histórica saben que es frecuente encontrarse con trabas y recelos, en nombre de un erróneo proteccionismo sobre nuestra convivencia. Pero la barbarie no fue inventada aquel 18 de julio.

El túnel del pasado trágico no tiene otra luz en su interior que la verdad, ni más salida al exterior que el perdón. Perdonar no es silenciar, sino un acto supremo de la libertad individual, una liberación que no puede ser impuesta por nadie, aunque sí fomentada. Ojalá la exposición sirva para ello. Y es comprensible que cada generación mire hacia aquella guerra, para sacar sus propias conclusiones, aunque harán bien en escuchar también a sus mayores.

¿A qué puede temer una sociedad que sabe pedir perdón, perdonar y perdonarse? Y quienes no sepan hacerlo, que continúen en su oscuridad. Pero para pasar página hay antes que abrir el libro. El gran libro de los ecos tristes. Abrámoslo, sin miedo y con compasión.

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