Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

La tan oportuna como oportunista reedición de novelas, ensayos y demás zarandajas pseudoartísticas relacionadas con el centenario del hundimiento del Titanic saca a flote estos días la extraña figura de Morgan Robertson, un marino mercante autor del libro El hundimiento del Titán . Su fatídico título en inglés, Futility , es la historia de la catástrofe de una supernave marina, prácticamente insumergible por sus modernos mecanismos, que se topa en su singladura con un gigantesco iceberg que lo envía a pique.

El relato tendría poco o nada de particular sino fuera porque el oficial Robertson lo escribió tan «sólo» unos 14 años antes de que los remaches del Titanic saltaran realmente por los aires acariciados fatalmente por el hielo de los mares de Terranova.

En medio de la manida sinfonía de metáforas y símiles entre el naufragio del megatrasatlántico y la crisis, se nos está pasando por alto a todos los originalísimos analistas la analogía del personaje visionario. Porque el pasaje está absolutamente harto, desesperado, con la música tan futil como palmaria que se repite sobre los titubeos de los comandantes Rajoy o De Guindos frente a la magnitud de la tragedia, o sobre lo hecho mierda que Zapatero y tripulación dejaron el casco del crucero de lujo.

Lo que en realidad buscamos agónicos es un «capitán» Morgan con madera de lobo de mar auténtico que nos anticipe si realmente no quedan ya botes salvavidas o lo que sería una excelente noticia, que más pronto que tarde despertaremos de esta pesadilla en el interior los espartanos pero salvadores camarotes del Carpathia . Y todavía algo más allá, si la estocada del témpano de los Presupuestos 2012 será una lápida irremovible para los pasajeros de tercera categoría, procedentes de territorios tan castigados como el Bierzo, o si en el mejor de los casos sólo tendrá un efecto criogenizador.

Cargando contenidos...

Aunque tal vez lo que anhelemos sea más bien un anti-Morgan. Porque el marino novelista, no era capaz de anticipar más que desastres. Morgan Robertson murió tirado en una habitación de hotel por una intoxicación de yoduro de mercurio tres años después del hundimiento del Titanic. Pero aún antes fue capaz de novelar el enfrentamiento bélico entre Estados Unidos y Japón.