León

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Cada uno tiene sus pecadillos inconfesables y debo confesar que uno de los míos es que me gusta la valentía del alcalde de Valladolid, León de la Riva, a la hora de decir cuál es su verdadera opinión de las cosas. Y viene esto a cuenta de los recientes Presupuestos Generales del Estado en los que aún se mantiene en pie —no así casi el edificio— el proyecto de reforma de Araú y también sigue vivo el Palacio azucarado para atraer el deseado turismo de congresos a León.

Hace unas décadas en la provincia se arrasaron todo tipo de edificios singulares sin ningún pudor y como suele ocurrir en España el efecto pendular ha llevado a un conservacionismo en el que se lleva la palma todo lo que lleve el apellido «romano» o «industrial».

Trobajo del Camino se merece un edificio multiusos y León necesita un Palacio de Congresos pero eso de triplicar los gastos necesarios para conservar unas paredes —que incluso con los retrasos de las obras cada vez van a menos— me parece un lujo innecesario.

Pero como en tantas cosas el silencio hace cómplices a muchos y por eso se echan en falta valientes que digan sus verdaderas opiniones. Y lo que sobran son chusqueros como aquel que en el Titanic en plena tragedia se dedicó a gritar que el grumete que estaba metiendo personas en los botes salvavidas lo hacía sin la pertinente gorra quizás para evitar que el capitán cayese en la cuenta de que en su planta del barco no salían las cuentas porque había más de un cuñado que se había colado entre el pasaje...

Lo de lo políticamente correcto hace mucho daño y cuando en los Presupuestos Generales del Estado faltan tantas cosas o entran a dolor las tijeras en materias que suponen economía productiva es cuestionable que lo que sobrevivan sean asuntos sin una revisión seria de unos proyectos en los que el gasto se dispara porque nadie quiere poner el cascabel al gato.

Entre la clase política y los sesudos opinadores quizás haría falta un poco más de coraje y no tanto palmero que lo único que logra es trepanar cerebros para encubrir y maquillar situaciones que no son de recibo.

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En la mayoría de sus opiniones discrepo con León de la Riva y sus formas dejan mucho que desear pero al menos tiene el coraje de no dejarse llevar por la vorágine de lo fácil.