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MIGUEL PAZ CABANAS
León

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Pedía hace unos días un mandamás de la industria farmacéutica catalana que se aboliese la ley que impide comerciar con sangre de seres humanos, para que los parados (se supone que los que no estén muy famélicos) pudiesen venderla y sacarse unos euros adicionales al mes. No decía nada de donar riñones o córneas, aunque todo se andará.

Sí bien, desde una lógica puramente mercantilista, la propuesta es sumamente razonable, a lo mejor había que rogarle a este señor (como a ese otro gran empresario que planteaba recientemente que hay que trabajar como los chinos, no se sabe muy bien si sugiriendo que se supriman las vacaciones o que derroquemos al Rey para instaurar una dictadura comunista) que, al menos en estos asuntos de los parados y su sangre, mida un poco más sus palabras. Porque ya se sabe que la gente es muy suspicaz y puede asociar estos comentarios a vampiros, chupasangres y sacamantecas.

A mi, leer estas cosas, me lleva a una época que creía olvidada. A locales sórdidos y clandestinos, y a gente que sufría estrecheces económicas y vendía su sangre para llevar unas perronas a sus casas. En León había un chiringuito en un barrio duro y peleón que conocía todo el mundo. Tampoco hace tanto tiempo de eso, pues parece ser 1985 el año en que el Ministerio de Sanidad prohibió pagar por la obtención de sangre, sustituyéndose a partir de entonces el incentivo económico por un bocadillo de mortadela. Yo tuve un amigo que, sin estar realmente necesitado, se sacaba unas pelas todos los meses, que luego gastaba, el muy crápula, en máquinas tragaperras y vermús. No sé si esto último estaba contraindicado con su actividad transfusora, pero a él no parecía incomodarle demasiado.

Va a ser, como decía antes, que estamos regresando al pasado sin darnos cuenta y algunos avispados quieren recuperar costumbres rancias y castizas, propias de pueblos analfabetos y miserables. Pero bien pensado, y dada la furia que caracteriza al pueblo español, a lo mejor venderles la sangre a los finlandeses, tan pálidos, no sea tan mala idea. Desechen ustedes agravios patrióticos y vean el matiz práctico del asunto: sangre española fluyendo por los órganos macilentos de esta Europa exangüe, incapaz de tenerse en pie.

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