AQUÍ Y AHORA
Dime otra vez
Yo no digo que la herencia socialista sea mala e inmerecida, digo que llegó el momento de dejar de invocarla. Yo no digo que Zapatero y Rubalcaba mintieran a Rajoy, digo que gobernar es asumir lo que te dejan y afrontar esa realidad. Yo no digo que los socialistas no vayan a pagar su diletantismo y atrevimiento, su descaro para manejar lo que no les pertenece, digo que recordando eso no saldremos del muladar en el que estamos. Yo no digo que el ministro Montoro no tenga derecho a apelar al engaño de los socialistas para justificar el golpe de tijera sin fin.
Yo no digo que el Gobierno no haga bien tapando sus vergüenzas aireando el escándalo de un consejero de Trabajo andaluz entrando a la cárcel.
Yo digo que los culpables ya no están, que lo han pagado y lo seguirán pagando, y que todo esto no sirve para levantarnos y ponernos a trabajar.
Yo no digo que haya que olvidar el desastre español y mucho menos a sus autores, yo digo que hoy en la Moncloa hay un hombre que se declara moderado, fiable y previsible, y que eso es lo que miles de españoles esperan: fiarse de alguien. Yo no digo que no hagan falta otras virtudes para gobernar a un país en el que tantas cosas salen mal; somos un pueblo sin perfil emocional al que, como Gil de Biedma recuerda, sus historias siempre son tristes y terminan mal; digo que alguna vez hemos de romper los versos que nos encadenan a ese maleficio por el que cualquier cosa puede suceder menos ponernos de acuerdo. Yo no digo que la política siga animando nuestras vidas más que un poema de, por ejemplo, Ignacio Jaramillo: Para estos casos, uno se abre el corazón. Y no se trata de metáforas.
Yo digo que un día de estos hemos de aprender a leer nuestro futuro de españoles divergentes en un reloj de arena. Yo digo que para andar debemos dar la impresión de que lo hacemos, o por lo menos, de que lo sabemos hacer. Yo digo que deberíamos considerar la generosidad como un lujo al alcance de todos, incluso de aquellos que creen que se puede hacer política con el calendario parado en noviembre del 2011. Yo digo que, al final, la Historia no examinará a Rajoy ni a Rubalcaba por la forma en que usan el adjetivo y se tiran verbos y complementos, digo que los libros recordarán las pocas veces que miraron a este país y vieron juntos su imagen desvaída y triste. Yo digo que si no son capaces de entender que solo nos queda el presente no habrán descubierto la verdad: que el poder es sólo un caramelo que se consume a las 24 horas de ganar unas elecciones. Y digo que hemos de preguntar menos por lo mío y más por lo nuestro. Yo digo. Digo y no digo. Y quizá no esté diciendo nada que valga la pena decir.