AL TRASLUZ
No te civilices
Advierten los expertos que la pequeña osezna Jimena, hallada el pasado viernes en una carretera de Palacios del Sil, debe relacionarse lo menos posible con seres humanos si ha de regresar a su hábitat natural, como es deseable. ¡Qué fama, Señor, qué fama! Tenemos mala prensa, y peor que la tendremos. Urge encontrar a su madre, para devolvérsela. La cría tiene sólo cuatro meses y si se acostumbra a nuestra protección —algo que sucede muy rápidamente— habremos deformado su aprendizaje natural, y enseguida estará comiendo con cubiertos y solicitando una beca Erasmus. Admitámoslo, domesticar adolescentes lleva más tiempo. Por ello, la fotografía publicada ayer por este periódico mostraba a un veterinario que, camuflado de extraño ser onírico —mitad oso, mitad bosque andante— se aproximaba con cautela a Jimena. Con tal apariencia buscaba no mostrarse bajo presencia humana reconocible, pues, una vez en libertad, si confía en las bondades de nuestra especie se verá expuesta a graves peligros. No somos animales de fiar. Lo dicho: ¡qué fama, Señor, qué fama!
En la antigüedad, la aparición de animales en lugares inesperados causaba gran inquietud y daba lugar a toda clase de cábalas. El hallazgo de la osezna en una vía pública hubiese llevado a nuestros antepasados a consultar al adivino. «Esto significa que la Legio VI no vendrá a esta tierra», y además nos hubiese cobrado. En nuestro tiempo, los ayuntamientos recurren a consultorías para que les vaticinen todo aquello que quieren escuchar. Superstición por superstición, prefiero las de antes.
Jimena, quédate con tres o cuatro cosas buenas de la condición humana —el humor, el amor, el perdón, las canciones que dan cobijo—, y regresa cuanto antes a tus montañas, que como en casa en ninguna parte. Tu madre te espera. ¡Qué triste ha de resultarle sin ti la belleza! Y sobre todo, en el trance en el que ahora te encuentras no te civilices más de lo razonable. Déjate mimar, pero no olvides quién eres. No es que seamos mala gente, pero podemos ser pero que muy bestias. Ojalá puedas volver pronto al Camelot de tu infancia, y que un día en tus sueños aparezcamos, no como personajes de pesadilla, sino como grato enigma. Sé osa, naciste para ello.