Diario de León
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luis cosmen de lama
León

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«La crisis de igualdad entre hombre y mujer, no la resolverá el feminismo sino la igualdad de oportunidades»: ¿Es cierto que existe un techo de cemento para las directivas españolas? Algunas revistas lo han publicado recientemente. Se lamentan las féminas que están poco representadas en los puestos de alta dirección de las empresas españolas, en un país en el que ellas suponen el 60% de las licenciaturas universitarias, finalizando los estudios de postgrado un número superior a los hombres y representan el 45% del mercado laboral de alta cualificación según el siguiente cuadro donde aparecen porcentajes de mujeres en la vida empresarial y académica española.

Estudios universitarios: 60% mujeres. 40% hombres.

Postgrado: 56% mujeres. 44% hombres.

Empleo cualificado: 43% mujeres. 57% hombres.

Consejos de Administración: 11% mujeres. 89% hombres.

Alta dirección: 8%. 92% hombres.

Los datos estadísticos —algunas veces— significan solamente un «método» de operar con ellos e interpretarlos y, hay quien llega a pensar, que la democracia puede ser el abuso de la estadística. Siempre los gobiernos económicos serán mejores en muchos sentidos que los gobiernos partidistas. En el mundo de la dirección económica hay que fijar metas, elogiar y amonestar, lo que indudablemente beneficia a todos —hombres y mujeres— que participen en este reto de la dirección empresarial.

Los porcentajes indicados en el cuadro anterior, leídos fríamente, parecen indicar que la mujer en España no alcanza las metas en la alta dirección empresarial que estén en consonancia con sus titulaciones. Lo cierto es que el mundo empresarial privado se caracteriza por su pragmatismo y complejidad para logar una mayor expansión y mejorar su cuenta de resultados y, normalmente los puestos de alta dirección se cubren con personas muy cualificadas y, con amplio historial profesional donde se reflejen los éxitos logrados con anterioridad, sean hombres o mujeres; los títulos obtenidos son muy necesarios pero en muchos casos, insuficientes. En cambio los puestos de alta dirección en las empresas públicas que se cubren sin concurso-oposición y son nombrados por «dedocracia» amparándose en la Ley de Igualdad, pueden resultar un fiasco dejando al margen la meritocracia. Sabemos desde siempre que el comportamiento económico-social, al igual que la ética, no se legisla se practica, lo que siempre beneficiará al seleccionar a hombres y mujeres e indirectamente a los ciudadanos. Ahora, muchos aficionados a la política, utilizan los porcentajes «fifty-fifty» para ganarse la simpatía de las féminas y sus votos en las urnas; partidismo puro y duro sin beneficiar ni a hombres ni a mujeres mejor cualificadas. Para sacar a España de la crisis hace falta el esfuerzo de todos sin ninguna referencia al sexismo.

Hace algunos meses, Martín Ferrand en el periódico ABC , escribía: «La crisis no es cósmica, se concentra en el viejo solar europeo en el que el bienestar se ha hecho rutina, la inteligencia ha pasado de moda, el esfuerzo no cotiza, el mérito está mal visto y abundan más los derechos que las obligaciones» y, todo, actualmente, tiene un altísimo porcentaje de realidad.

Un feminismo más o menos radical por imperativo legal podría ser tan nefasto como asentir el machismo y la insolidaridad del íbero. Para mejorar la situación de las mujeres en la dirección de las empresas, siempre será más importante encontrar un vértice con la realidad que creerse en posesión de la razón. Falta explicación de conjunto, calendario de objetivos verificables y proyecto compartido. Las universidades tienen que ser verdaderos centros de impulso intelectual y nunca una fábrica de títulos y, en la formación universitaria, el alumnado, debería destacar por ser personas íntegras, cultas, trabajadoras, educadas, justas y solidarias y la sociedad formar ciudadanos y no estetas de lo inútil. Es necesario recuperar la cultura del esfuerzo, del mérito y de la responsabilidad.

Para algunos políticos, es mucho más rentable abrir debates que solucionarlos y, lo que habrá que conseguir es justicia, igualdad y la ayuda de los demás. Las empresas se supone que deberían ascender, en sus organigramas, para ocupar los puestos de alta dirección a todos aquellos que posean más méritos y un verdadero espíritu de empresa y una mayor capacidad de gestión, sean hombres o mujeres. Preferible «no más aristocracia de nacimiento, ni una plutocracia de la riqueza, sino una aristocracia del talento». Ya no podemos entonar a coro con Viglietti, ese cantautor uruguayo que dice: «El hombre se come el pasto, el burro los caramelos, la nieta manda al abuelo y la sota al rey de bastos». Socialmente y en el mundo empresarial, hombres y mujeres tenemos que caminar estrechando juntos la mano de la generosidad que es el traje de gala del talento. No es bueno en el mundo empresarial ni para hombres ni para mujeres que unos sacudan el nogal y otros recojan las nueces.

Al parecer, la Comisión Europea, planteará este año una propuesta de ley para obligar a las empresas a incluir hasta un 40% de mujeres en sus Consejos de Administración. Viviane Reding, vicepresidenta de la Comisión Europea y Comisaria de Justicia, Derechos Fundamentales y Ciudadanía es una gran defensora de la mujer-cuota, siempre «condicionada a los méritos». En una entrevista publicada recientemente por la revista «Yo Donna» manifestaba (riéndose) que si hubiese sido Lehman Sisters, en vez de Lehman Brothers, no hubiera quebrado. Habrá que cerciorarse si se puede sustituir la legislación nacional por un acto legislativo europeo porque, los Estados miembros, no han transferido a la Unión las competencias legislativas y uno de los fundamentos del Estado de Derecho, es el principio de la seguridad jurídica. No hacen falta leyes que no puedan cumplirse para solucionar dudas que siempre serán resueltas por la cultura del esfuerzo, del mérito y de la responsabilidad, sin matices sexistas. La politización progresista, el hedonismo y la adoración al becerro de oro pueden provocar el agotamiento de la cultura y la espiritualidad. Necesitamos más cultura universal que nos hace buena falta para la defensa de la libertad individual evitando el triunfo de las ideologías totalitarias. Dios hizo el mundo, pero algunos políticos, piensan que si lo hubiesen hecho ellos, lo habrían hecho mejor; como diría aquel famoso torero Rafael Gómez El Gallo , en la anécdota famosa: «Hay gente pa’to».

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