EDITORIAL
Sanidad más allá de los números
La Consejería de Sanidad acaba de anunciar que renuncia a su compromiso de operar en 130 días y organizará la lista de espera quirúrgica en función de la gravedad del paciente, de manera que sólo garantiza un mes para cirugía oncológica y cardiaca no valvular y aumenta en cincuenta días —de 130 a 180— la espera máxima para la valvular, coronaria, cataratas, prótesis de cadera y rodilla. Al mismo tiempo, como hay que recortar de donde sea posible y es lógico que así se haga, anula la opción de recurrir a la sanidad privada, con cargo a los fondos públicos, en caso de incumplirse los plazos.
La decisión, que tiene aspectos favorables y otros cuando menos inquietantes para el ciudadano, introducirá otros cambios, como la jerarquización de la lista de espera en base a tres criterios: la gravedad del proceso, su impacto en la calidad de vida del paciente y el coste sociolaboral.
Los últimos datos sobre la espera quirúrgica en Castilla y León sitúan la demora media en 56 días frente a los 61 del conjunto del país. Sanidad afronta esta reforma con el compromiso de «mantener los ritmos actuales» y es en este punto donde surgen las dudas, que sobre todo son un reto, porque eso exigirá incrementar la actividad en los centros propios, mejorando la gestión y organización a los servicios hospitalarios y ampliando la jornada de los profesionales sanitarios.
Sacyl prevé que entre este año y el próximo pueda ahorrar por esta vía algo más de 14 millones de euros, que sumará a los 30 anuales que resta de los conciertos quirúrgicos, una sangría histórica para el sistema sólo mantenida por las veleidades políticas. Si hay que ordenar, que se haga, pero que sea preservando la calidad de la atención. Cuidar al enfermo, curar al que perdió la salud y hacerlo cuando antes debe estar por encima de cuadrar los números si es que a quienes los imponen de verdad los ciudadanos les importan algo que más que sus votos.