Diario de León

ASUNTOS INTERNOS

No caer en el error de los ingleses

Publicado por
J. A. GUNDÍN
León

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En un gesto solidario y de afecto, los mineros ingleses han ofrecido ayuda económica a sus compañeros españoles, cuyas penurias de estos días siguen de cerca y comentan en las redes sociales. Es muy de agradecer el apoyo exterior a nuestra minería porque le otorga a sus reivindicaciones una dimensión internacional de la que suelen carecer otros sectores. En el caso de los británicos, tiene un valor añadido y especial. Pero más que su dinero, lo que estimo de mayor utilidad son sus experiencias históricas para no incurrir en los mismos errores que cometieron ellos y que les costó décadas de postración.

Me refiero a cómo defender una causa justa sin caer en la desmesura para después hundirse en la irrelevancia social. Eso fue precisamente lo que le sucedió al sindicalismo minero británico en la época de Margaret Thatcher. Con la determinación y fortaleza que caracterizaron su gobierno, la Dama de Hierro emprendió una reforma radical de la minería con el objetivo de aliviar sus elevados costes para el erario público. Los sindicatos le declararon abiertamente la guerra, recurrieron a la resistencia incluso violenta y se enrocaron numantinamente. Fue una conducta suicida porque si bien la sociedad británica se mostró favorable al principio, acabó dando la espalda a los mineros por su cerrazón y sus conductas excesivas. Thatcher aguantó el pulso y, lo más importante, ganó el veredicto de la calle. Los sindicalistas, encerrados en su autismo, perdieron el apoyo ciudadano y sumieron la causa en la irrelevancia social.

Ese es precisamente el gran peligro que acecha hoy a las cuencas mineras. Es verdad que en toda España existe una corriente de simpatía hacia nuestros mineros, pero no tan fuerte como en otras ocasiones, consecuencia sin duda de la crisis que afecta a casi todos los sectores laborales. La incertidumbre y la angustia de los mineros no son diferentes de la que padecen los albañiles, los pescadores o los transportistas. Sólo hay que seguir atentamente los medios de comunicación nacionales para percatarse de que el conflicto es relegado a páginas interiores y con escaso relieve. Además, las imágenes de violencia, los cortes de carreteras y ciertas actitudes bravuconas no contribuyen precisamente a que la causa gane simpatías y afectos. Ese no es el camino. Sindicatos, empresarios y políticos deben hacer un esfuerzo conjunto por mantener vivo el diálogo con el Gobierno y llevar a todos los foros sus argumentos, empezando por las televisiones. Las batallas modernas se ganan en los medios de comunicación, no con pasamontañas y tácticas de guerrilla antisistema. Planifiquen una campaña inteligente de comunicación y se habrán ganado el apoyo toda la ciudadanía. De lo contrario, la lucha por el carbón se enquistará como un asunto irrelevante y pintoresco del noroeste español.

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