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MIGUEL Á. VARELA
León

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Nadie ha sido capaz de precisar si fue antes la desaparición de los antidisturbios o la ausencia de tráfico, pero lo cierto es que aquella mañana ambos dejaron de asomar por la A-6 a su paso por el Bierzo. Los mineros habían acudido a su cita diaria de la reivindicación. Incendiaron unos neumáticos a la altura de San Román y atravesaron troncos en Camponaraya, desplegándose a la espera de la llegada del GRS. No llegaron. Pero tampoco hubo vehículos que detener. Nadie sufría las consecuencias de aquel corte de tráfico porque el tráfico, literalmente, había desaparecido.

Desorientados, los líderes sindicales buscaron explicaciones en el escalafón, pero ningún responsable provincial, regional o nacional fue capaz de aclarar el extraño fenómeno. Alcaldes, diputados y senadores de la comarca obtuvieron las mismas ambiguas respuestas a sus consultas con las cúpulas. Nadie entendía el suceso pero como todos los políticos estaban volcados en consultar a los lingüistas sobre sinónimos o antónimos del término «rescate», el asunto no se consideró prioritario.

El primer día no llegaron periódicos. Al segundo, los teléfonos, las señales de radio y televisión e incluso las líneas de Internet sufrieron un raro colapso: dentro de los límites de la comarca funcionaban perfectamente pero nadie era capaz de comunicarse más allá del Cebreiro o el Manzanal. Al cuarto día sin que un sólo vehículo cruzara la arteria de asfalto, algunos intrépidos se acercaron a los límites comarcales pero todos, inexplicablemente, dieron la vuelta antes de pisar la frontera. Alguno más leído relacionó el caso con una novela de Saramago pero la población no estaba para perder el tiempo con un escritor portugués. Había que organizarse.

Se montó una red de suministros mediante una economía de trueque y un aprovechamiento integral de los recursos existentes. Los vecinos más ancianos decían que era como en la posguerra y algunos más viajados compararon el momento con el Periodo Especial de Cuba tras la caída de la Unión Soviética.

Con dos centrales térmicas a pleno rendimiento y abundante carbón, el servicio eléctrico estaba plenamente asegurado. Además de poner en valor el transporte de tracción animal, las necesidades de gasolina fueron cubiertas mediante una red de mercado negro. En unos meses, la autoridad comarcal decidió emitir moneda (el carrasco) y al cabo de un año nadie se acordaba en el Bierzo de que alguna vez habían formado parte del Reino de España.

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Y en esas estábamos cuando han empezado a llegar rumores sobre la reapertura de las comunicaciones con el exterior. Inmediatamente, grupos de mineros han vuelto a cortar la A-6. Están dispuestos a evitar como sea que entre nadie a compartir esta imperfecta y tranquila balsa de piedra.