CRÓNICAS BERCIANAS
Once toques
O once toques. Once veces votó Morano en contra de las tesis de su partido sobre las ayudas al mantenimiento de la minería. Sólo la mitad, incluso una cuarta parte de las combinaciones que llegan a alcanzar en algunos instantes del choque los virtuosos del balón de nuestra selección nacional. Entre uno y otro caso parece existir cierta conexión kafkiana. Los Iniesta y compañía llegan a olvidarse por momentos de que el objetivo final es la portería contraria. Soria y sus adláteres ignoran que el fin último de sus «juegos» debería ser salvar un sector que en una tierra abrasada da de comer a más de dos mil familias y al doble indirectamente.
Los toques de Morano, sin despreciar su calidad política, resultan un detalle para la galería. Lo mismo que el pesebrismo natural de sus compañeros de Senado, que aún piensan en hacer carrera política. Como la frialdad de Silva frente al arquero, capaz de girar sobre su eje y devolverle balón a Casillas para empezar de nuevo. Desesperan. Aquí —y allí— lo que hace falta es verticalidad. Mucha más verticalidad en pos de resultados. El problema es que el ministro Soria, como algunos peloteros sacrosantos, levitan a dos palmos del suelo, del mismo que han comenzado pisar doscientos mineros francos y serenos. Soria no conoce la realidad mundana desde hace mucho tiempo. Seguro. De lo contrario a estas alturas ya habría optado por eliminar consignaciones a la reindustrialización —fantasma— o a la formación para reequilibrar las ahora vitales para el funcionamiento de los pozos.
En la hora de la prórroga ya no cabe la especulación, ni la demagogia, ni los juegos orgánicos. Y eso es lo que está haciendo el PP, provocando un sufrimiento humano que incluso algunos de sus representantes creen que se recordara como absolutamente innecesario si al final el Gobierno, agotado el trámite presupuestario, acude al baile de fondos de otras partidas para salir del paso. Uno de ellos es el alcalde de Ponferrada a quien en este clima de inflación de tiki-taka un grupúsculo de mineros descerebrados confundieron con el portador de otra camiseta en la terraza destrozada del Vinomio , uno de los pocos bares de la plaza del Ayuntamiento, paradójicamente, que cerró sus puertas el día de la huelga en las cuencas. A este panorama contribuye la hipocresía del PSOE... Porque para hablar con la boca tan grande hay que tener el culo muy limpio.