Diario de León

TRIBUNA

En defensa del espacio público

Publicado por
julio ferreras ex catedrático de IES
León

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Recientemente se hacía eco este periódico de los efectos de los lamentables y absurdos botellones de varios jóvenes, con motivo de las pasadas fiestas de San Juan y San Pedro, en las riberas del Bernesga, cuya recogida de desperdicios ha costado al Ayuntamiento —al parecer— unos 4.000 euros; es decir, lo pagamos los leoneses. Esto debe obligarnos a considerar qué ocurre a esos jóvenes para que actúen de esa manera tan poco cívica, tan irresponsable e insolidaria. Creo que significa el fracaso de los mayores (padres y autoridades de todo tipo) en sus obligaciones para con los menores, y la rebeldía de éstos ante ese fracaso de sus mayores. Todo educador sabe que el adolescente y el joven, si han recibido una adecuada educación, son cívicos, solidarios y responsables. Por lo que esa actitud, en ellos, es la muestra de su descontento y su frustración, que manifiestan con esa rebeldía y esa irresponsabilidad.

Todos sabemos, además, que una gran mayoría de jóvenes viven hoy en medio de la marginación social y sin perspectivas de futuro. Ellos, que son el futuro, viven sin futuro y con poco presente. ¿Puede haber mayor decepción? Esta es la sociedad que los mayores han creado para las generaciones presentes y futuras. No nos sorprendamos, pues, de esas reacciones de los jóvenes; lamentémoslas, eso sí, y sobre todo, pongámosle remedio, con un cambio serio de actitud, de responsabilidad y de ejemplo de los mayores. De ejemplo, sí, pues no sólo los jóvenes originan esos tristes espectáculos de basura y desperdicios en lugares públicos. También los mayores, con la llegada del verano y en sus desplazamientos al campo, tienen con frecuencia un comportamiento poco cívico. Es lamentable y deprimente contemplar tanta basura en los lugares más frecuentados por el público; lugares por lo general bellos y atractivos en sí, pero que ese triste espectáculo los convierte en parajes casi desahuciados. ¿Por qué hemos de entender la diversión y el ocio como una ocasión para comportarnos de una forma impropia de personas civilizadas?

Un pueblo que no ha despertado al profundo respeto que debemos a toda la naturaleza (porque formamos parte de ella), es un pueblo primario, casi salvaje, que no ha aprendido aún a convivir (vivir con lo(s) demás), el hecho probablemente más esencial de la vida, porque de él depende nuestra supervivencia. Por eso, los reinos inferiores de la naturaleza -el animal e incluso el vegetal- lo saben y lo practican, cada uno a su nivel. Pero el hombre, una vez más, abusando de su desarrollo mental, se salta injustificadamente los principios básicos de la convivencia y del civismo. Todo ello es señal de una gran insensibilidad e irresponsabilidad, lo cual tiene graves consecuencias inmediatas en las relaciones sociales, porque no se puede ser sensible y responsable en una circunstancia e irresponsable e insensible en otra. Bien se sabe que el que no ha aprendido a respetar la naturaleza, tampoco se respetará a sí mismo ni a los demás. Este maltrato a nuestro denostado Planeta ha comenzado a tener, como todos sabemos, graves consecuencias en su deterioro, como los ingentes basureros, los cambios climáticos, huracanes, tifones, tornados, tormentas, inundaciones, sequías, etc., etc.

La educación en el respeto a la naturaleza y al medio ambiente ha de partir de la familia y la escuela, y seguir, después, a lo largo de toda la vida. Un deber que incumbe también a los gobernantes, a los responsables municipales. Nuestro país se caracteriza tristemente por la falta de desarrollo de ese respeto a lo público, lo de todos. Si, por otra parte, nos consideramos un pueblo avanzado en diversos aspectos, lo que parece ser cierto, ¿por qué no hemos aprendido aún a desarrollar esa gran virtud de respetar, incluso amar, lo de todos, lo público, como son las calles y los parques, los ríos y el monte? ¿No sabemos la dicha individual y social que ello entraña? Es hora ya de que a los españoles (a los leoneses) se nos conozca por esa estima y respeto hacia toda la naturaleza, hacia todo lo público. Este hecho forma parte esencial del verdadero nivel cultural y social de cualquier pueblo, y su ausencia obedece también a que estamos aún demasiado apegados a lo puramente personal, de forma que no sentimos lo colectivo, lo de todos, como algo totalmente nuestro. Si lo sintiéramos, ¿cómo íbamos a maltratar lo que sabemos que es realmente nuestro? Los pueblos más avanzados del Planeta se distinguen, muy especialmente, por la admiración y el respeto que manifiestan hacia la naturaleza y el medio ambiente. De ahí emergen una conciencia más sensible hacia los problemas sociales y el deseo de colaborar —todos sin excepción— en el mayor bien posible para la comunidad.

Ciñéndonos a nuestro entorno más inmediato, el Ayuntamiento de León y los del alfoz deberían actuar más estrechamente, en los espacios más frecuentados por el público, con carteles anunciadores invitando a los paseantes a colaborar en el orden y la limpieza, en el respeto al medio ambiente, que es la casa de todos, y colocando puntos para la recogida de basuras y desperdicios. Hay que estimular al ciudadano a que colabore, resaltando la importancia de su actuación, y poniéndole las cosas fáciles. A este respecto, un lugar especialmente delicado, además de los ríos, es La Candamia y los pinares aledaños, por su importancia estratégica y ambiental. Aquí los ayuntamientos de León, Villaquilambre y Valdefresno (según creo), deberían llevar a cabo una acción conjunta para proteger esos parajes privilegiados para los leoneses. Se encuentran muchos desperdicios de todo tipo, en los rincones más atrayentes, y una ausencia de carteles y puntos de recogida de basuras. Invitamos, es más, reclamamos, con el debido respeto, a estos ayuntamientos para que colaboren —ellos los primeros— en esta responsabilidad del medio ambiente, y los ciudadanos les estaremos muy agradecidos siguiendo su ejemplo.

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