La voz de los internautas
u Ismael Almanza, desde Pobladura de Yuso, quiere rendir homenaje al centenario más ilustre de la provincia y escribe lo siguiente: «Al Galochero de Pinilla de la Valdería en su 111º cumpleaños: ‘Hoy quiero dedicar mi verso amigo a un monumento vivo junto al cauce, con el tiempo doblado como un sauce por el largo penar del que es testigo. Y no ha sido la pica pino a pino ni el duro pan ganado tras los mares lo que llenó tu alforja de pesares, sino el luto amasado en el camino. Desde que al fin de la contienda oscura cinco cuerpos plantaste entre pinares, a otros tantos segados de tus lares tuviste que, aún en flor, dar sepultura. Tú has sabido burlar hasta la fecha ciento once rondas del fatal destino, que en su ambular constante nos acecha. Hoy debes renovar tu audacia y tino, aunque la senda se presente estrecha o haya sombra y maleza en el camino. No nos dejes, Galocho, Galochero, no nos causes la pena de no verte, mantén bien amarrado tu sombrero, procura con sus alas protegerte’».
u Víctor Suárez Cordero, de Trobajo del Camino, tuvo una mala experiencia con los mineros y la cuenta: «Miercoles 18 de julio, sobre las ocho y meda de la tarde. Venía desde Toreno en dirección Bembibre cuando al llegar a San Román de Bembibre veo que esta la autovía de La Coruña cortada por los mineros, en la carretera en la que yo me encontraba desde lo alto había dos patrullas de la Guardia Civil y cuatro agentes. Mi sorpresa fue cuando al entrar en dicho pueblo veo que se dirigen hacia los agentes un grupo de unos veinte encapuchados que se hacen llamar mineros, armados con piedras y el que parecía el cabecilla con un tubo en la mano. Mi sorpresa fue ver que este grupo al acercar a los agentes la emprendió a golpes con los coches sin mediar una sola palabra y lógicamente los agentes tuvieron que irse, puesto que estaban solos ante el peligro. No sólo esto me indignó, sino quizá lo que más tristeza y pena me dio es ver cómo algunos vecinos del pueblo, al ver este atentado, no tuvieron mejor idea que gritar hijos de puta (a la Guardia Civil). Yo vivo en León y circunstancialmente estaba por allí pero no me parece que ese sea el camino para canseguir nada. Yyo personalmente ya no los puedo llamar mineros ni manifestantes ,puesto que se comportan y se visten como terroristas».
u Desde León Nelson escribe sobre los riesgos de los badénes callejeros : «Las bajas por enfermedad aumentan día a día en los conductores de las vías con badenes, sufren dolores y lesiones agudas de cervicales y lumbares debido a los fuertes impactos que estas regiones soportan al circular con estos elementos en la vía. Los badenes se han convertido en un factor de riesgo para la columna vertebral, incluso al sobrepasar los veinte kilómetros por hora».
u Carlos López Blanco, de Astorga, escribe sobre la posible supresión de las juntas vecinales : «Nos han anunciado que van a suprimir las juntas vecinales, y aquí, en esta insignificante provincia, se concentra una de cada tres juntas vecinales que existen en nuestro país. Es un poder del pueblo que desde el principio de nuestro reino nos acompañó. Ya había una ley que decía que si una junta vecinal desparecía no podía volverse a crear. A pesar de ello todavía existen más de 1400 en toda la provincia, algo tan leonés como la lucha, los pendones, el mastín o las cabezadas en la capital leonesa. Y nuestros políticos, que sustentan esta Gobierno sin rumbo, siguen sentados en sus escaños, cobrando un buen sueldo. El otro día un político que en su momento encabezó la resistencia leonesa ante el atropello que se nos hizo con la tan detestada autonomía castellana, Juan Morano Masa, se atrevió a apoyar a nuestros mineros y lo han suspendido de militancia. Digo yo que a qué esperan los demás para defendernos».
u Desde Madrid, Manuel Broco escribe en apoyo de los mineros : «Escucho en las noticias este grito de apoyo a los mineros de mi tierra, una vez más, como tantos en su historia, enarbolando la bandera de la dignidad obrera. La escucho y revivo en mi garganta el nudo amenazante del miedo a la pobreza, veo en mi memoria a mi padre, como a tantos padres de mis amigos de entonces, bajando al tajo cada día. Me conmueve el orgullo de pertenecer a la cuenca del Sil, de provenir de estas gentes que van de frente, que no se dejan obnuvilar por esa palabrería que ha invadido la política hasta pervertirla, que no se achantan ante las insensibles y machaconas consignas de tecnocracia economicista. ¿A dónde habrá ido a parar toda la riqueza de más de un siglo de carbón extraído con el sudor y la salud de los mineros? Me invade la pena, una pena solidaria porque me reconozco en el apuro de estos hombres y de sus mujeres recortando en la cesta de la compra, pensando en cómo pagarán los libros en septiembre. ¿Podrán seguir soñando con un futuro mejor para sus guajes?, ¿con qué ánimo se despedirán los jóvenes universitarios de las cuencas cuando acabe el verano? Quiero agradecer esa valentía indomable de los mineros, verdadero ejemplo de lucha contra el poder y sus abusos; sin ella muchos de sus hijos nunca habríamos podido progresar. ¿Estaremos a su altura para devolverles al menos algo de lo recibido?, ¿sabrá pagarles nuestra sociedad, tan dispuesta a fabricar desechos, esta nueva lección de dignidad?».