EL RINCÓN
Mucho pedir
Entre tantas pérdidas recientes no es la menor que el Ejército español haya perdido operatividad. El general Domínguez Buj, que detesta los grandes titulares, se dispone a hacer «los sacrificios que sean necesarios». Sus declaraciones son dolientes, pero no quejicas.
Los recortes han suprimido 22.000 empleos en las Fuerzas Armadas en seis años y si continúan los tijeretazos disminuirán sus capacidades. Nadie se libra de la crisis, salvo los distintos altos cargos y otros más chicos de la Administración central, de la autonómica, de la provincial y la municipal.
Según las cuentas de mi viejo amigo Luis María Ansón, siempre lúcido y valiente, andan por los despechos y por los pasillos 17.000 asesores repartiendo consejos. ¿Por qué ninguno se deja aconsejar por el jefe del Ejército? Que ha revelado que el 50% de sus vehículos de combate están aparcados, ya que no se encuentran en situación de combatir. No nos va a quedar ni la fiel infantería mientras algunos políticos deambulantes siguen pidiendo más cosas.
Ahora, lo que se le solicita al pueblo español, que normalmente ha sido superior a sus clases dirigentes, aunque solo sea porque «siempre tiene razón el sufrimiento», es que aclamen al Gobierno, que sin duda, tiene razones para exprimirnos. Es mucho pedir. No habrá movimientos ciudadanos para festejar la opresión económica, pero la vida sigue. Ha muerto Gore Vidal, cuya desaparición es una de las que menos lamento de los tiempos últimos. Quienes le comparan con Mark Twain demuestran dos cosas: que no han leído a Gore Vidal ni a Mark Twain.
También reaparece Ruiz Mateos, que se ha vestido como un vendedor de helados (exclusivamente de vainilla) al que le hubiera tocado el bonoloto. Están pasando cosas muy raras mientras el Gobierno amenaza con el artículo 155 de la Constitución, que sabemos que es un artículo mortis que se aplica a los que aún seguimos vivos y relativamente coleando.