AL TRASLUZ
Aquí un pariente
Por fin, una buena noticia. La Junta de Castilla y Léon ha puesto en marcha la iniciativa «Apadrina un bosque», con el objetivo de llevar a cabo proyectos de reforestación y mejoras en nuestros montes, mediante el mecenazgo de empresas y particulares. Ayudemos a nuestros árboles, como ellos nos ayudan a nosotros desde que el mundo es mundo. En nuestra Comunidad, según datos de la dirección general de Medio Natural, tenemos el doble de hectáreas por habitante que la media mundial, el triple que la española y el cuádruple que la europea. Y eso, pese a los desalmados pirómanos que se empeñan en destrozar tan encomiable estadística. Al apadrinar un bosque amplías tus propias raíces. «Me voy a ver al pariente», y será como irte a visitar a ti mismo. En esta iniciativa no caben los sentidos convencionales de la propiedad, pues tu bosque sigue siendo de todos. Apadrinas en un acto de generosidad suprema, al igual que nuestros antepasados construyeron catedrales para un tiempo más allá de ellos mismos. En cambio, al marqués de Leguineche todo aquello que no fuese diese caza le parecía mera maleza. Apadrinar es dar, darse, darte.
A mí me gustaría apadrinar un bosque con chopos, tejos, zufreiros… elfos, hobitts… vaqueras de la Finajosa. En cambio, no considero indispensable que tenga Árbol del Bien y del Mal, ese enigmático pendrive, con infinitos megabytes. Cabe preguntarse para qué podrían quererlo si aún no se había inventado el ordenador.
Y es que la democracia no puede desvincularse del compromiso con la conversación de la Naturaleza, que no es una obsesión de ecologistas fanáticos y de solteronas amantes de las flores. ¿Acaso no es también reflejo de una crisis de valores la destrucción sistemática a la que hemos estado sometiendo al medioambiente, en todo el Planeta, a lo largo del siglo XX? A cualquier cosa llamamos civilización. A cualquier cosa llamamos progreso. A cualquier cosa llamamos urbanismo. Ojalá también hubiese la posibilidad de ser apadrinados por un bosque. «Querido ahijado, somos tus hayedos, te escribimos para interesarnos por cómo vas de tu próstata…» Y ellos no se olvidarían de felicitarnos por los cumpleaños, ni de mandarnos un christma en navidades.