LEÓN EN VERSO
Resplandor
A estas alturas de semana, los dementes que se dedicaron el domingo a meter mecha al monte ya deben de saber que con el lanza llamas le han arruinado la vida a decenas de familias. Que con las luminarias que lograron entre la espesura del bosque y la canícula se llevaron el modo de vida de leoneses en una tierra donde vivir ya es heroico. Que el premio extra de sus hazañas va más allá de satisfacer la patología mental que cada verano demanda consumo de imágenes de lenguas de fuego sobre las copas de árboles que pudieron ver el paso de las tropas de Napoleón por la zona. Ahora ya deben saber que van a pasar años, muchos, décadas, y que en la exuberante comarca de pinares del suroeste leonés se va a hablar del incendio de agosto del 2012 como los lisboetas del terremoto de 1755 o los sicilianos de los caprichos del Etna. Pero no quedará escrito en ninguna placa que la devastación natural fue obra de gentes abducidas por la sensación de creerse los dueños de la creación sin más artilugios que un mechero y un coche para darse a la fuga.
Estos fulanos que surgen en agosto con teas en la mano por los montes de León le cuestan a la sociedad presupuestos multimillonarios frente a cantidades más modestas que se suponen de la factura de someterlos a un registro de salud mental.
Si un ejército de psiquiatras rastreara a esos eslabones perdidos de la civilización sería infinitamente más asequible para las arcas públicas que la solución traumática de los quinientos agentes medioambientales, los siete hidroaviones, la legión y la UME. Y por descontado, que el daño de la brecha negra en diez mil hectáreas a la redonda y en la economía de quienes acertaron a saber vivir del monte. León no puede estar sometido por aprendices de Nerón.
El día que estos locos sean capaces de sentarse ante el diván alguien debería explicarles que su idea resultó absolutamente improductiva. Que toda aquella lumbre que salía por satélite no hizo más que murmullo mientras segaba arbustos a su paso; que la cosa se despachó con dos aperturas de telediario y fotos de políticos en camisa clara.
Que fue vano encender el monte para iluminar el cielo por la noche en una tierra en la que siempre nos hemos guiado por la luz de las estrellas. Y por los árboles, que nos dejan ver los bosques.