AL TRASLUZ
Preguntas que queman
Creo en las respuestas de la psicología a las preguntas sobre la conducta humana, pero también en que todos los comportamientos son tan viejos como el mundo. ¿Por qué Caín mató a Abel? Por envidia, pero ¿es suficiente causa para que comprendamos su vil acción? Muchos periódicos traen en estos días artículos acerca del perfil psicológico de los pirómanos. Dan claves que nos llevan a concluir que no pueden ser tantas las personas sospechosas. Quizá nuestra necesidad de autoprotegernos de lo desconocido nos hace reclamar respuestas simples a lo que no las tiene. A mí no me basta como explicación que Caín fuese un envidioso, necesito saber más. Pero ¿y si fue así, sin otra sinrazón que esa? Todavía hoy siguen publicándose cientos de indagaciones acerca de la personalidad de Hitler. ¿Tiene explicación racional su maldad? La Historia está plagada de hechos monstruosos, solo equilibrados por la capacidad del ser humano para decantarse por el bien, incluso en peligro de muerte. ¿Por qué alguien entra en una escuela y dispara contra todos? ¿Por qué los rusos asesinaron en Katyn a 20.000 polacos? ¿Por qué se puede fusilar a un vecino y arrojar su cuerpo a una cuneta? ¿Por qué alguien quema un monte? Estoy convencido de quien ha cometido una cualquiera de esas terribles acciones haría también las demás, en el contexto adecuado. Solo puedes proclamar, y no es poco alivio, que tú nunca lo harías, te hiciese lo que te hiciese el mundo.
¿Es posible que el pirómano pueda disimular tanto su secreto que nadie en su entorno asocie unas amenazas farfulladas con lo que ha ahora sucedido? La portada de este periódico hace unos días, con una gran foto de Salvadores sobre el incendio de Castrocontrigo, parecía que iba a devastar todas las demás páginas. Pero no es la imagen la que arde, sino nuestra tierra. Necesitamos gritar de parte de quién y de qué estamos, ante tanta destrucción premeditada, ante tanto enemigo sin rostro visible: estamos con la naturaleza.
Las preguntas nos queman. Pero si mañana se nos anuncia que el pirómano es un hombre con las facultades mentales trastornadas ¿respiraremos aliviados o habrá algo en nuestro interior que siga sospechando que faltan respuestas a tanto horror?