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León

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El Ayuntamiento de la capital de la costa del Sil, entre la barahúnda de los recortes, quiere meterle el tronzador por la espalda a la factura de la limpieza y recogida de basuras. El minigobierno local del PP estima que puede prescindirse de la pasada diaria de la mopa a la ciudad aun al precio de perder la Escoba de Oro que en tiempos de opulencia distinguió el aseo de Ponferrada. Y la idea no es descabellada. Pero como a todos los grandes promotores de los ajustes, a los ediles ponferradinos les falla la comunicación y les sobra la alegre y vaga generalización. Si debemos volvernos menos escrupulosos, tal y como está el panorama, no creo que a nadie se le vayan a caer los anillos por pasar dos días seguidos ante un contenedor a tope de mierda. Lo que deberían hacer los políticos autóctonos cuando afilan propuestas como la de la eliminación de la recogida diaria es adjuntar un programa bien currado sobre dónde y cómo es posible llevar a buen puerto esos tajazos sin más coste para el bienestar y la higiene ciudadana que el de la factura económica que se pretende triturar. Porque a diferencia de lo ocurrido con el apagón de las farolas, en el caso de la basura es probable que en algunos barrios y en espacios de escasa densidad de población ahora resulte hasta una suntuosidad la retirada de los residuos urbanos a diario. Sin embargo no parece que en el centro, en contra de la visión miope y politizada de algunos «líderes» vecinales, se pueda prescindir del servicio 24 horas. Algo más allá, incluso, cabría negociar con la concesionaria cierta excepción estival para evitar una distribución masiva de mascarillas antipeste.

No es que con las propuestas de ajuste de cierto calado sea necesario incluir un memorándum de letra pequeña y retorcida como el que adjuntan los planes de rescate bancario. Pero que menos que aparentar que cuando se decide meter el bisturí se conoce la anatomía urbanita para transmitir algo de confianza al jodido paciente. Es tanta la desidia política que ni eso. Algunos servidores están tan desquiciados con el ahorro que hace tiempo que, confundidos, apagaron sus propias luces. No hay más que ver a los sindicatos que protestan ahora cuando ellos mismos avalaron la declaración comercial del día grande de La Encina o a esos progres nostálgicos que promueven un festival público por la demolición de escudo franquista del Campo de la Cruz. Menudas lumbreras.

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