AL TRASLUZ
Sabia sencillez
La sencillez es un jeroglífico. Uno mismo quisiera escribir «sencillo», pero qué difícil no ya conseguirlo sino saber antes en qué consiste tal proeza. Este fin de semana, en el municipio de Encinedo, he disfrutado de la facilidad de las buenas gentes para serlo, que es el más alto virtuosismo de la sencillez vital, con motivo del encuentro de documentales etnográficos, entre otros destacados actos. Unos ejemplos: una escueta nota clavada en un poste, en la que se da un número de cuenta para ayudar a un vecino que ha perdido su casa en un incendio; una mujer, quien al recibir del alcalde, José Manuel Moro, la insignia por haber cumplido 90 años, se disculpa por la tardanza de un minuto: «estaba en el oficio y no oía»; la periodista Ana Gaitero me dice: «mírala, qué guapa, a mí estas personas me dan fuerza». Lo sencillo no es lo simple, sino lo hondo sin estridencias. Hay un fragmento en Donde las Hurdes se llaman Cabrera en el que Ramón Carnicer, tras el agotamiento de contemplar demasiadas estrecheces juntas, queda conmovido ante una manta elaborada a mano, de sencilla belleza. También fueron sencillas y bellas las palabras de gratitud de Doireann MacDermott, y las de su hijo Alonso. Pero todos contribuyeron al logro: Moro, Miguel Sánchez y Puri Lozano, Julio Llamazares, Cecilia Urueta, Jesús Courel, Fulgencio Fernández, el alcalde de Truchas, el de Castrillo… y los cabreireses, los auténticos protagonistas. Por cierto, el presidente de la Asociación Montañas del Teleno, Ramiro Arredondas, ha de ser un hombre muy querido, pues necesitó unas gafas para leer y no faltaron espontáneos que le ofrecían las suyas. En las ciudades, en cambio, las dioptrías de cada cual son coto privado.
La sencillez me alivió de la pena de contemplar los montes quemados en Castrocontrigo. La naturaleza está aquí de luto, pero las personas son su paisaje más hermoso.
Ya en casa, recordé una cita del Evangelio, que bien podría referirse a lo aquí expresado: «Gracias, Señor, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a la gente sencilla». La vida es complicada, vivir no debería serlo tanto. Y esa es una de las lecciones que nos imparte, con sabia sencillez, Cabrera.