FUERA DE JUEGO
Gallineros
Esta semana hemos conocido que aquello de los recortes de los partidos judiciales ya se va diluyendo. No digo yo que haya que dejar sin juzgados a las cabeceras de comarca pero sí veo que en el fondo el asunto se repite. Cada vez que se habla de recortes en alguno de los interminables brazos del enorme pulpo en el que se ha convertido la administración, tras un recorrido más o menos largo, todo acaba en un amago. Pero, por contra, cuando se trata de atacar directamente a los bolsillos de los ciudadanos el tema planteado se encauza en un camino de no retorno y acaba en cuestión de días o semanas publicado en el BOE.
Parece que existe un doble baremo que deja cualquier reforma de la administración, la que genera una ingente deuda pública y unas ineficacias que nos lastran hacia el infierno, en una cuestión de mero debate más o menos mediático sin consecuencias prácticas. Es Rajoy en estado puro, dejando pasar el tiempo hasta que vuelven los de Bruselas para verse forzado a coger el hacha de nuevo para aplicárselo a la ciudadanía.
El sábado en Madrid hubo una manifestación para pedir, así sin más, un referéndum sobre los ajustes. Los mismos que aplica Griñán en Andalucía o el mítico Hollande en Francia. Era el no a todo sin más. Sin plantear soluciones reales sobre dónde abordar los recortes que, salvo los que siguen mirando a la Luna, hacia La Habana o hacia el Valle de los Caídos, está claro que son necesarios.
Es el no porque sí. Y eso lleva a situaciones, como mínimo, paradójicas. En las juntas vecinales baja el agua revuelta. Allá por julio se aprobó un borrador de proyecto de reforma institucional que pretendía acabar con las pedanías. Y aunque en las primeras semanas todos los esfuerzos por remover el gallinero fueron infructuosos el tema parece que revive —como el resto del país— en septiembre, pero sólo aquí, porque desde Moncloa no se ha vuelto a mover ficha. El tema es prometedor para hacer labor de desgaste y el líder del PSOE provincial, Celestino Tino Rodríguez, no ha dejado pasar la oportunidad para hacerse un hueco en la actualidad informativa. En su defensa airada de las pedanías ha incluido la idea de que sean los ayuntamientos los que tengan potestad para disolverlas. Eso es poner la zorra a cuidar las gallinas. El efecto sería previsible. No quedaría viva una junta vecinal con posibles y de las pobres no se acordarían ni para disolverlas.