Diario de León
Publicado por
LUIS ARTIGUE
León

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León es una ciudad lenta, o una ciudad con un ritmo desestrasado y acorde con los más humanos ciclos naturales y mentales, porque, para quien sabe mirar, para quien se ha preocupado por no dejar que sus ojos dejen de ser conchas con perla, esta ciudad está repleta de rincones en los que el tiempo parece que se detiene.

En efecto uno entra por ejemplo en Almacenes San Froilán en la calle Regidores, o en Almacenes Antoñanzas, en la calle Villafranca, o en el Bar Casa Benito o el Puesto de Pescadería de José en la Plaza del Conde y cree haber cruzado una línea de la realidad, y estar al otro lado de todo en una especie de retorno a la pureza… Y te topas ahí con la gente comercialmente especializada en todo y en nada, los que trabajan con manejable desorden pero con minuciosidad; los que aún te miran a los ojos, y te hablan, y te escuchan, y comercian así, diciéndote sin decirlo que venden con sentido de vida porque laborar en tal contexto macerado, generacional, les impregna la existencia… ¡Y de pronto la palabra vender suena casi igual que la palabra vivir, y la palabra comprar se parece a la palabra regresar!

Tal vez la crisis implique que debemos volver a gastar el sueldo, el cual es como un suelo que no para de moverse bajo nuestros pies a causa del terremoto de los recortes, ahí, en los lugares en los que nos dedican tiempo, los que llevan rotulada en el letrero la frase «somos los de siempre»….

Y uno de esos lugares aparentemente eternos, un local en el que entras y no puedes evitar fijarte en las paredes y sentir que las paredes hablan —que las paredes conocen historias que, por mucho que pasen los años, continúan significando algo— es el Mesón Reguera sito en la Carretera de Alfageme de Trobajo del Camino… Oh, se trata de un local con ambientación como de posguerra, y tortillas virtuosas, y vino de la casa que se diría de uso farmacéutico al lado de otros caldos caros para paladares exquisitos, y una cocina abuelera, y un entorno atmosférico que te hace recordar que, como digo, León tiene aún ciertos lugares en los que se diluye el tiempo.

Entro y en una mesa poblada Rafa Guerrero, cuya oposición binaria favorita es Gin-tonic, y Alfonso Alauto que es adepto, que no adicto, a la armonía y la Cocacola me invitan a whisky y una ración de callos tan potente y cojonuda que, en un país sin crisis como Alemania o Noruega, sería considerada bioterrorismo… Ah, la magia de los lugares en los que puedes percibir que en la amistad hay interinos instantes de unidad.

Hay en el León profundo rincones e instantes que parece que existen y tienen lugar solamente para ser recordados… Y eso hay que escribirlo.

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