Erasmus, una amenaza que no debe concretarse
La Comisión Europea se apresuró ayer a afirmar que «no hay problema inmediato» con el programa de becas Erasmus, mientras el Ministerio de Educación aseguraba que están garantizadas para este curso. Pero en ningún caso van más allá después de que su continuidad se pusiese en duda veinticinco años después de su creación.
Los recortes presupuestarios provocaron ya que el fondo social europeo sea uno de los programas, junto con el Erasmus, cuya financiación está amenazada por las perspectivas financieras para el periodo 2014-2020.
Erasmus es el plan de intercambio de estudiantes con más éxito del mundo. España es el país que más estudiantes ha enviado a otros estados para que estudien o bien realicen prácticas. Su impacto ha sido enorme, no sólo a título personal para los estudiantes, sino también para el conjunto de la economía continental.
Se reconoce así desde la Universidad de León, que cada año envía casi 400 alumnos fuera y recibe unos 350. Su desaparición sería «terrible», «un mazazo», afirmaban el rector y el vicerrector. No sólo por la posibilidad de estudiar en otro país en el caso de los alumnos y de seguir formándose en el de los profesores, sino por las perspectivas laborales que abre. Es una ventana abierta que permite la circulación de aire fresco por Europa. «Gracias al Erasmus he sentido que formaba parte de la integración europea». Esa afirmación anónima quizá sea el denominador común de la experiencia de dos millones de estudiantes en 25 años.