TRIBUNA
Los nacionalismos
Últimamente algunos amigos de varias poblaciones leonesas me comunican que muchas personas me están tildando, unos de nacionalista leonés, otros de nacionalista español y otros de ignorante. Normalmente mis Tribunas de Opinión no contienen opiniones sino informaciones. Por ejemplo se me acusa de ignorante cuando dije que en varios países de Europa he visto rótulos de tiendas escritos en español y no pasaba nada, en contradicción de lo que pasa en Cataluña donde se multa a los comerciantes que rotulan en español el nombre de su tienda. Me dicen que lo demuestre.
La verdad es que estas opiniones no me afectan ni preocupan en absoluto. Me preocuparían si demostrasen que miento o me hubiera equivocado. Pero, cuando alguien utiliza la mentira o el insulto, cuando no expone argumentos que demuestren que mis afirmaciones son equivocadas o mis opiniones son erróneas, no merece perder un minuto en contestar a esas personas.
Sin embargo, en esta ocasión voy a contestar a algunas de las opiniones que algunos han vertido sobre mis artículos. Me piden que demuestre que sí existen rótulos en español en algunos países de Europa. Podría poner mil ejemplos ya que he visitado la mayor parte de los países europeos y hasta he vivido varios años en alguno de ellos. Baste un ejemplo. En la ciudad de Hamburgo, en una de sus barriadas céntricas más conocidas, que tiene nombre de santo, he visto más de seis carteles de tiendas rotuladas en español. No solamente las he visto, he entrado en ellas, he conocido a sus dueños. Unos eran españoles, otros argentinos. Jamás nadie se ha metido con ellos por rotular en español sus locales. Estamos hablando del país más nacionalista de Europa: Alemania.
A los que me tachan de nacionalista leonés o español, les digo que si algo me ha enseñado la vida es a no ser nacionalista. Estas son algunas de mis experiencias. He vivido varias décadas en las regiones de Galicia y País Vasco. Por mi trabajo me vi obligado a relacionarme con muchos nacionalistas tanto gallegos como vascos. Las características más comunes de un nacionalista son el odio a España y a todo lo que sea español. Y ya se sabe, el odio lleva implícito la falta de respeto a todos aquellos que no piensan como ellos. Otro de sus defectos comunes es su creencia de ser una raza superior. Ya en la Edad Media las crónicas relataban que los vascos se creían un pueblo superior a los demás pueblos. Lo cuenta muy bien el nada sospechoso historiador gallego Ramón Menéndez Pidal. Confieso que conmigo hicieron una excepción. No me puedo quejar del trato recibido.
No sabría decir quien era más nacionalista, si el gallego o el vasco. Lo que sí sé es que en ambas regiones hay nacionalistas muy radicales. Cuando llegas a tener confianza con un nacionalista vasco y hablas con él, encuentras cosas que no entiendes. En una ocasión, le decía yo a uno de ellos: la independencia del País Vasco os va a traer graves problemas. Uno de esos problemas es la falta de energía eléctrica, pues no la producís. Iberdrola produce su energía en el resto de España. Los españoles podrían destruir las torretas que os traen la energía y vais a tener que utilizar velas como en el siglo XIX. No importa, me dijo. Estamos dispuestos a regresar no al Siglo XIX, sino a la Edad Media, pero te aseguro que antes de 15 años estaremos a la cabeza del mundo. Tenemos los mejores técnicos y científicos del mundo. También te cuentan que matar a personas con ideología contraria a la suya, es un mal menor y necesario. Hasta ahí llega la ceguera de los nacionalistas más radicales. A pesar de los muchos años conviviendo con nacionalistas, nunca pude comprenderlos. Si alguien piensa que habiendo visto todo esto, a uno le entran ganas de hacerse nacionalista...
No hay duda que esta experiencia de los nacionalismos es mala, muy mala, pero aún he visto cosas mucho peores. Lo que más me ha impactado de los nacionalismos lo vi en el extranjero. Conviví durante varios años con unos alemanes que habían estado a las puertas de Moscú durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando unos hombres te cuentan los horrores sufridos por culpa del nacionalismo alemán, no te quedan ganas de hacerte nacionalista.
Todavía he visto cosas mucho más impactantes. En una de mis visitas a Polonia conocí a un polaco que era el único superviviente en Auschwitz. Estuve en su casa y allí me enseñó varios documentos que acreditaban sus palabras. El Gobierno polaco lo había nombrado héroe nacional. Durante largas horas me contó en un correcto alemán (que hablo y entiendo) las atrocidades y monstruosidades cometidas por los nacionalistas alemanes con decenas de miles de personas. No se trata de artículos periodísticos sino de informaciones de un testigo, el único polaco superviviente. Después de oírle, los nacionalismos me dan náuseas.
Por si todo esto aún fuera poco, cuando lees la obra Mein Kamf (Mi Lucha) en su versión original, escrita por el nacionalista más nefasto que ha visto la humanidad, Adolf Hitler, te enteras de cosas como la siguiente: «hay millones de personas que sí son seres vivos, pero no son seres humanos» Esta perversa ideología fue la causa para realizar las pruebas y experimentos más horrendos que el mundo ha conocido en toda la historia.
Después de haber visto y oído al único polaco que salvó su vida en Auschwitz y después de haber leído Mein Kamf , he llegado a comprender a Albert Einstein quien, cuando alguien le preguntó si «creía que había o podía haber en el espacio vida inteligente como en la Tierra», contestó «tengo serias dudas de que la vida en la Tierra sea inteligente»
Mientras seres humanos tengan como principio de su ideología el odio a otros seres humanos, está claro que en esa mente no hay inteligencia. La esencia del ser humano es el amor, por amor fue creado. El odio es justo lo contrario al amor. El cubano José Martí lo entendía así: «los hombres se dividen en dos bandos: los que aman y construyen y los que odian y destruyen».