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MARGARITA TORRES
León

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León es una tierra peculiar, de grandes hombres y mujeres que triunfan fuera para ser reconocidos dentro, de gente noble capaz de darlo todo… por una sonrisa o un gesto, o un simple gracias. Pero también somos patria de tabla al ras, donde se tiende a considerar al excelente como al mindundi con ínfulas de pompa y circunstancia. Por eso, a veces conviene recordar algunos nombres de primera división, que no son pocos en el campo de la antropología y etnografía. Desde Joaquín Alonso a Miguel y Puri, desde Olga Cavero a Jesús Celis. Todos ellos con tanto bagaje que pueden llenar bibliotecas con sus obras y tesis doctorales con sus trabajos. Paisanos y paisanas de a pie, sencillos, amables, de los que te encuentras en una esquina y con los que practicas el noble deporte leonés de sostenerla hasta que doble el viento y se marcha, cansado de esperar que se agote una conversación enriquecedora.

Hoy, en el 2012, llega un reconocimiento merecido a una distinguida dama: Concha Casado Lobato. La Diputación Provincial de León le ha concedido la Medalla de Oro de la Provincia. En esta patria de tiquismiquis ya han salido los que critican que llega después de que el gobierno autonómico le otorgase el Premio Castilla y León de la Restauración y Conservación del Patrimonio en su edición 2009.

No faltan, desde el otro plato de la balanza, los que reconozcan que, tarde o no, llega. Y eso es lo que importa. Ya está bien de ensalzar difuntos y olvidar a los vivos, de panegíricos a lápidas grabadas con nombres que, días antes, por envidia o dejadez, colocamos en el cajón del ingrato olvido. Los reconocimientos, en vida. Siempre.

Desde estas líneas quiero felicitar, como historiadora y Cronista Oficial de la Ciudad de León a la doctora doña Concepción Casado Lobato, pionera a la hora de abrir el camino, en los difíciles años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, a todas las mujeres que soñaron con estudiar y encontrar hueco propio en un mundo de hombres.

Fuiste investigadora del CSIC, trabajaste con Julio Caro Baroja y Dámaso Alonso, dirigiste el Instituto de Filología Hispánica Miguel de Cervantes y, gracias a ti, Concha, el habla de la Cabrera Alta se salvó del olvido por tu erudición. Por tu cabezonería de bien salieron adelante cinco museos de esta provincia.

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Tu disciplina de trabajo ha aportado una producción bibliográfica abrumadora. Pero, ¿sabes qué? Lo mejor de ti es tu trato cercano, amable, excelente, de mujer luchadora, nacida en una familia que lo dio todo por sus vástagos y permitió apostar por sus hijas, la mayor doctora en Puericultura cuando se cerró en falso la Guerra Civil. La pequeña, tú. Conocer y valorar la sabiduría del pueblo ha sido tu vocación. Lo conseguiste, Concha. Felicidades.