LA 5.ª ESQUINA
Que la distancia es el olvido
Los romanos no se andaban con bromas en asuntos internos, en particular los que hacían referencia a honores o castigos. Cuando una persona era declarada enemiga de Roma, le aplicaban la damnatio memoriae , que significaba arrojar al olvido la memoria del condenado, tras su muerte y por tiempo indefinido. Una vez obtenida la sentencia del Senado, el gobierno romano eliminaba toda referencia del proscrito, borrando su presencia en inscripciones, su rostro en pinturas o esculturas e incluso también prohibían pronunciar s nombre en público. Como es natural, la damnatio memoriae se aplicaba por lo general en las luchas por el poder, aunque también afectaba a personas distinguidas de la política o el ejército. El Senado romano, tras la muerte de un gobernante, decidía si le otorgaba la condición de Dios o, por el contrario, la condena al ostracismo. Incluso en algún caso, como en el de Geta (asesinado por su hermano, el emperador Caracalla), sus restos mortales fueron desenterrados y arrojados fuera de la ciudad eterna.
A lo largo de la historia, muchos poderosos han ejercido la damnatio memoriae sobre sus enemigos, para evitar que las sociedades (bajo su yugo) enfermen de amnesia. Sin embargo, las gentes sencillas prefieren las coplas al estropajo que imponen los gobernantes porque, a sabiendas que siempre les tocará pagar la factura, escogen espantar las penas a grito pelado. Una de esas canciones, de gran arraigo popular, nos dice que la distancia es el olvido, aunque no siempre es así. No hay padre que olvide a sus hijos, sobre todo cuando emigran a trabajar al extranjero, como tampoco olvidaremos a los especuladores que nos dejan en la ruina, mientras se llevan el dinero a invertir en lugares «más productivos». A los primeros les recordaremos y les esperaremos, pero a los segundos —como dice la letra de la canción La barca de Los Panchos—, les decimos que ni nuestra playa se vestirá de amargura, porque su barco tenga que partir, ni por ellos estaremos esperando hasta que decidan regresar. Salvo para proponer su damnatio memoriae.
Los recuerdos son un misterio de la mente humana, fuente de tormento en la mayoría de los casos. Como decía Francisco Ayala en sus memorias, Recuerdos y olvidos , si se vive para el futuro hay que procurar que no queden muchas cosas en la memoria, porque cada día que pase recordaremos los hechos del pasado de forma diferente. Sin embargo, los padecimientos del presente exigen una actualización clara de los recuerdos, amén de buenas dosis de sensatez y una vigilancia permanente para evitar que volvamos a vivir tanto despropósito… Había que hacer algo.