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LUIS ARTIGUE
León

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Gente de mucho latido puebla también las calles recoletas del viejo León. Gente cuya presencia anónima nos ha reconfigurado líricamente…

En la cena de mi cumpleaños esta semana me he reencontrado con Vlado, médico dentista y violinista, conversador versado en los misterios de la intimidad matizada y confesante, serbobosnio soñador que lleva en esta ciudad ejerciendo su profesión bucodental en el obrero Barrio del Crucero más de veinte años (que no son nada como reza el tango no exento de nostalgias de los inmigrantes que, aprendiendo a quedarse, han ampliado su mundo y nuestro colectivo modo de ser).

A veces te encuentras de pronto con personas que en realidad son metáforas…

De vez en vez te topas así, sin pretenderlo pero mereciéndolo, con seres humanos que son poemas que han rebasado el horizonte textual.

Ciertamente esta ciudad está repleta de poemas de Juan Gelman encarnados, de personas con una historia de desafíos, querencias y logros a su espalda que les ha hecho afirmarse en su ser como el violinista en el tejado, y les ha dotado a la vez de un brillo lírico en los ojos que les ilumina el rostro.

Oh, sí, Vlado es un poema de Juan Gelman cada vez que, con su violín y su rostro de ángel desplumado que ha decidido ser del todo humano, toca en el grupo leonés Pandetrave… Vlado es el Gigante de Santo Domingo de Amancio González abandonando su perpetua posición de reposo.

En efecto este hombre con factura de gigante metafórico como las esculturas de Amancio, éste ciudadano de acento marcado que hace que su voz parezca una fórmula en la que brillan las avisadas opiniones, es alguien a quien escuchas y, al hacerlo con dedicada curiosidad, sabes que su imagen inconmensurable está en realidad en armonía con el cerebro y con los sentimientos; que no es un hombre de negocios sino un superviviente como todo experto autodidacta en buscarse la vida...

Estoy hablando de eso: hay gente que, como escultores de la realidad cotidiana, como peones de albañil, han hecho también León con sus manos y, como digo, lo han reconfigurado y ampliado. Gente para quienes, en medio del egoísmo cuartelero que subyace a esta crisis económica, hemos de tener presente como parte de lo que somos expresándoles alguna vez nuestro agradecimiento por venir, y amigarse, y aunarse, y amar, y contribuir a de nuestra elaborada, meritoria y quebradiza singularidad…

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Sí, Vlado es un hombre cargado con su sombra que pone música al mundo como todo poema de Juan Gelman.