Diario de León
Luis Urdiales
León

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Lo tengan en cuenta todos los afortunados a los que aborda la Junta en esas pruebas orales con las que da pábulo a un sistema de atención sanitaria de ensueño, de fábula, casi anexo a las obras completas de Alicia en el País de las Maravillas. Las encuestas de propaganda del departamento del comandante Sáez Aguado son como un canto al paciente desconocido. Todo el proceso de evaluación es fruto de un equipo de guionistas que se creyeron que en la calle no había realidad. Es igual de creíble que un tipo conceda dieces mientras le tiran los puntos de la apendicitis que Bisbal triunfador en Saber y Ganar. Al final en León no se conocen más dieces que Astorgano y Baldeón.

Lo bien que va la prestación sanitaria en León se observa entre la gente que no tiene que recurrir al médico, puntal totémico en esta provincia, junto al cura y al veterinario (o el boticario en aquellos lugares donde se despachan recetas para mantener la farmacia). Si la salud falla, la cosa cambia compañero. Hay una sanidad de diez, se chulea el consejero después de inventar un convenio parche para la vía de agua de las remuneraciones (cuando Jimmy Hoffa muerde es que muerde de verdad), y ver como sofocaba la rebelión de las enfermeras que paralizaron el hospital de León.

Ese día no hubo encuestadores a la salida de los ascensores del hospital. Tampoco se amplía la gloria de la sanidad pública que nos asiste cada vez que medio centenar de mujeres tiene que subirse a una furgoneta para recibir tratamiento oncológico a más de doscientos kilómetros de casa. No hay caridad para ellas ni con un desvío a Asturias, que pese a quien pese está más cerca de León que el Pisuerga y el Tormes. Dice el comandante Aguado que no es eficiente activar los medios necesarios para dar esa prestación en el Hospital de León. Que sus palabras no estropeen el mitin del próximo candidato a la presidencia de la Junta cuando toque pedir el voto a León, el León fuerte en la comunidad, se mofan. Podían preguntar por los dieces a los más de seis mil leoneses que esperan por un hueco en la sala del bisturí. Escuché a un sindicalista lamentarse porque los médicos leoneses de Hoffa no se habían sumado a la huelga general. No debían. Las huelgas médicas se miden por siniestros; si muere más gente, malo; pero si muere menos, convierte en prescindibles a los huelguistas. Si acaso, Sáez Aguado lo arregló antes. Lo de la pasta. Lo de los dieces lleva otra receta.

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