Diario de León
Publicado por
javier tomé
León

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Consumatum est. En las ilustres dependencias del Ayuntamiento capitalino se legalizaron las piraterías de amor entre mis amigos Begoña y José Carlos, matrimoniados a conciencia por el concejal Julio Cayón. Atrás quedaba la carrera del esposo como ladrón de honras femeninas, reconvertido por arte de Cupido en prototipo de la caballerosa hidalguía española. Ella, por su parte, estaba feliz como una perdiz, encantada porque todas sus mañas amatorias de coqueta incorregible se hubiesen concretado en el lazo matrimonial. Ante tamaña ofensiva, se comenta que José Carlos ha pedido el ingreso en la Sociedad Protectora de Maridos, mientras que Begoña aguarda con la máxima ilusión la llegada de esos hijos que serán corona gloriosa de las canas.

Por la finura de trato, el banquete recordó a las bodas de Camacho. Pero lejos de criticonerías malintencionadas, lo cierto es que las cosas se empezaron a torcer durante los postres. Ahí apareció Pepín Muñiz, que muy en su línea crápula comenzó a repartir unas tarjetas en las que ofrecía sus servicios en la gestión de divorcios-exprés. Para redondear la villanía, y antes de que le echasen a patadas del restaurante, se bebió toda la ponchera. La atmosfera pareció relajarse y pude disfrutar de la presencia de Mariví, la bibliotecaria más sexy de nuestra Universidad, o dela morenaza Marian y su media naranja Jaime, catedrático en temas gatunos. Conociendo los gustos descarriados del desposado, el padrino preparó la traca final gracias a la contratación de la gran Dita von Teese, tan vestida a la ligera como siempre. Sus desvergüenzas sicalípticas dispararon los más groseros apetitos carnales de José Carlos, que olvidando su promesa de fidelidad eterna arrojó al suelo el anillo de compromiso y se lanzó sobre la stripper, provocando un escándalo de lápida conmemorativa. ¡Ay, el amor!

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